4 de abril de 2018

España incomprensible

Con ese título definía a nuestro país un amigo hace unos días, al ver las recientes manifestaciones de devoción religiosa con ocasión de la Semana Santa. Y no es para menos. Nos manifestamos por todo tipo de causas, y casi siempre de modo absoluto y de forma masiva, de un signo o de otro, por temas importantes o banales.

Resumo aquí mi experiencia de estos días pasados, lo que he visto en la calle, en varios paseos tranquilos, pero también a través de la televisión, siguiendo algunas procesiones.

El miércoles, en la calle Atocha, me topé con una gran fila de personas. De lejos imaginé que sería la entrada a un teatro, un cine o qué se yo. Según me acercaba, comprobé que la gente esperaba para entrar en la iglesia de Santa Cruz, cerca de la Plaza Mayor, junto al magnífico edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores. El motivo, san Judas Tadeo. Según me contaron los devotos, todos los miércoles del año, pero de modo especial el último miércoles de cada mes, centenares de personas se acercan a pedir sus "imposibles o causas difíciles" al santo. Colas para rezar a san Judas: lo último que me esperaba.

Durante el Jueves y Viernes Santo, al entrar en varias iglesias de Madrid, me asombró ver el gran número de gente que rezaba, que pasaba tiempo en el templo, y no por turismo. Escenas tan conmovedoras como la de un buen grupo de sordomudos rezando en la iglesia de Santa María del Silencio, o la conjunción de prostitutas a apenas cinco metros de la puerta de san Martín de Tours y la entrada de familias a rezar en esa iglesia.

El plato fuerte, como siempre, se lo llevan las procesiones. En este punto, Madrid ha cambiado mucho en los últimos años. Las cifras de personas que salen a la calle no hace más que aumentar, y los propios pasos se enriquecen año tras año. Me sorprendió no solo la multitud, sino la devoción de los asistentes. Una multitud devota, en silencio, que contempla, que mira con respeto, es algo bello, muy contrario al concepto de masa, bullicio, caos.

Una España incomprensible, quizá, o al menos diversa, cambiante, voluble. Así somos, y me alegro. Pero nunca dos Españas.




19 de noviembre de 2017

10 actitudes en la conversación

Conversar,  lo que se dice conversar, cada vez es menos frecuente. Deseamos conversar, hablamos sobre conversación -este es un ejemplo-, teorizamos sobre conversaciones... En cambio, nos encanta hablar y escucharnos a nosotros mismos.

La conversación, el tan anhelado diálogo, cuando están en juego posiciones distintas, y a veces contrapuestas, es posible y recomendable. Pero requiere algunas actitudes, idea previas, que conviene tener en cuenta. Pueden ser más, pero de momento nos conformamos con señalar diez, que siempre queda redondo: 

1.  Acogida. Hoy es básico acoger bien. No hay método de conocimiento más rápido que el amor. El respeto es esa mirada atenta, que acoge. Un excelente acogida consigue más que decenas de razones.

2. Tono. Importa mucho el contenido, y más en esta época impregnada de sentimientos y emociones. Per no hay que olvidarse que el buen tono en el diálogo, en la conversación, es primordial para no perder la primera batalla. La cordialidad, mesura y elegancia son siempre bienvenidas.

3. Matices. En medio del dilema, del conflicto y la confrontación, tan apetecibles a las audiencias y a los medios de comunicación, busca espacio para el matiz, el detalle, las escalas de grises. La vida está llena de pequeñas cosas. Muéstralas. 

4. Lenguaje. Utiliza palabras que se entiendan con facilidad, que no necesiten aclaración, que no tengan doble o triple significado. Sé claro, directo y unívoco: lenguaje universal, en definitiva. 

5. Juntos. No posicionarse mentalmente en otro bando, en otro equipo. Las barreras mentales que uno se pone son visibles para nuestro interlocutor. Los muros de nuestra imaginación son más grandes que los construidos con pico y pala.

6. Dudas. La duda acerca; nos hace ser uno de ellos. No se puede dudar de todo, como es lógico, pero si de numerosas cuestiones, procesos, etc. Un gran ejemplo es Joseph Ratzinger, que empieza a explicar muchos temas partiendo de la duda, o de la posición contraria.

7. Humor. Saber quitar hierro a multitud de temas. “Casi todo en esta vida se resuelve con una buena cerveza y una hamburguesa", leí hace poco. Saber ser sanamente “superficiales” con la gente superficial. Utilizar la ironía en algunos casos.

8. Todos. No rechazar a nadie, no juzgar a nadie. Como siempre, Mafalda tiene razón: “Amo la humanidad: lo que me revienta es la gente”. Que no nos pase lo mismo...

9. Vulnerables. Saberse débiles, vulnerables, nos hará más humanos, más cercanos, más creíbles.

10. Escucha. Está en última posición, pero es la primera cualidad de cualquier diálogo. Se sigue hablando mucho sobre la escucha, pero continuamos escuchando poco. La auténtica escucha implica intentar comprender las razones del otro; es decir, hacer un esfuerzo intelectual no solo por ponerse en la piel del interlocutor, sino por querer, así "querer", comprenderle.



9 de septiembre de 2017

El Camino de Santiago es lo de menos

Hace una semana comencé el Camino de Santiago. Lo haré por tramos, sin prisa, pero desde el principio. Las primeras etapas han sido maravillosas, desde San Jean Pied de Port hasta Pamplona, pasando por el precioso e importante lugar de Roncesvalles. Bosques de hayas, robles, largos caminos con sombras y suelos repletos de hojas húmedas, donde cada pisada es una bendición al tacto.

Pero por encima de todo, de la grandes vistas, de los parajes, el Camino me ha entusiasmado por la posibilidad de conocer y conversar con tantas personas de los orígenes más dispares: una cena con coreanos y taiwaneses, un café con un brasileño y una canadiense, un paseo con un matrimonio anciano de Alburquerque, Nuevo México...

No es un chiste, es el Camino: un francés, dos portugeses y dos españoles...


























Resumo en tres verbos mi entusiasmo por el Camino:

Caminar. La actividad física es importante; para un buen descanso, un gran cansancio. Caminar a tu ritmo, sin necesidad de llegar el primero. Además, al menos en mi caso, solo se puede pensar, reflexionar, si uno camina con calma (y si el suelo es regular, sin piedras). Sudar, beber, volver a sudar. Una paradita que sabe a gloria. Pequeños placeres debidos a pequeños sufrimientos.

Contemplar. En su sentido más amplio, me refiero a ver lo que te rodea con ojos nuevos, observar con asombro un árbol hermoso, los saltitos nerviosos de un petirrojo o el collado Lepoeder, cerca ya de Roncesvalles. Contemplar también es ir más allá, buscar los porqués, el sentido último de lo que te rodea, la bondad de un Dios que ha cuidado todo detalle. Contemplar es mirar con agradecimiento.

Conversar. Lo dejo para el final, pero a mi juicio es lo mejor del Camino. He tenido la suerte de coincidir, durante tres días, con personas de más de 40 países. Sí, 40. Una vuelta al mundo si salir de Navarra. Y hablar sin mirar el reloj, con el móvil en la mochila, sin interrupciones tontas. Conversaciones trascendentes y superficiales, largas y cortas, tú eliges. La variedad de personas, motivaciones, culturas, es tan inmensa que por si solo constituye una experiencia impagable. O al menos muy, muy barata.

¿Lo mejor del Camino? La gente. El resto, en el fondo, es lo de menos.

Buen camino. Y mejor meta.

PD. Un pequeño detalle: hacer estas etapas al comienzo de septiembre tienen premio: a derecha e izquierda excelentes moras salen a tu paso.

Una japonesa a punto de coronar Leopeder.
El Camino navarro, la octava maravilla del mundo.

22 de junio de 2017

La belleza de la vulnerabilidad

Ser vulnerable. Verte vulnerable. Saberte vulnerable. Me fascina el poder de la vulnerabilidad, la fuerza de saberse herido, de equivocarse, de sentirse frágil. De no tener el control, en definitiva. Pero precisamente, en la vulnerabilidad radica nuestra mayor fuerza, como analiza Brene Brown en su libro sobre esta realidad.

No sé si vivimos en un mundo complejo, o nosotros mismos lo estamos complicando. Todo se mide -"mide y vencerás", es el eslogan de una empresa-, analiza, evalúa, compara.


La reputación, palabra mágica en los últimos años, referida a una marca o una persona, tiene cada vez más importancia. Y es lógico. La inmediatez, transparencia y comunicación constante obligan a cuidar cada detalle, porque todo importa.

La buena imagen es necesaria, sí, y la reputación, que se construye día a día, paso a paso, tarda años en consolidarse, y se puede perder en 140 caracteres. Pero con frecuencia asociamos buena imagen con hacer todo bien. Y esto es muy difícil de sostener, y sobre todo, de creer.

Pánico al rechazo

Esta cultura por la perfección así entendida, donde todo está bajo control, el miedo a equivocarse puede llegar a ser paralizante, porque no permite el fallo, o mejor dicho, que el error sea descubierto. El miedo a la crítica, el pavor a no gustar, la excesiva corrección, son hoy día el 'abc' de la comunicación personal e institucional.

En el fondo, es mi opinión, no nos creemos la frase de "errar es de humanos". Y pedir disculpas, pedir perdón, se ha convertido en algo imperdonable.

12 de marzo de 2017

Cruyff, un año después

Johan nos dejó hace un año. El 24 de marzo. Recuerdo el momento exacto: paseaba por una calle de Burgos, era fin de semana, y estaba allí de viaje. A los pocos meses se editó Johan Cruyff 14. La autobiografía. Una delicia para todo amante del fútbol y por supuesto del cruyffismo. 

Huérfano de padre cuando era niño, una madre que trabajó de limpiadora en los vestuarios del Ajax, dos entrenadores que le marcaron para siempre... Su fuerte personalidad le llevó a irse del Ajax por no ser elegido capitán, y a enfrentarse de por vida con los directivos de varios equipos. Líder del Fútbol Total, en su vida personal siempre contó con el apoyo y la ayuda imprescindible de su mujer.

He recopilado algunas frases que resumen su modo de entender el deporte, su carácter y por supuesto, sus grandes dosis de orgullo, que a veces le sirvió, y otras le condenó. Cruyff en diez puntos:

Comienzos
1. Lo más importante que he aprendido como jugador es que, por encima de todo, necesitas cuatro cosas: un buen césped, un vestuario limpio, jugadores que se limpien sus propias botas y que las redes de las porterías estén tensas. 
 2. Cuando te caes sobre cemento, duele, y por supuesto, no quieres que te pase. Así que juegas al fútbol procurando no caerte. Por eso soy muy partidario de que los jóvenes jueguen al fútbol sin tacos: así aprenden a mantener el equilibrio. 
3. Recuerdo con mucha claridad la primera vez que me dejaron pisar el césped con el campo lleno. Tenía 8 años y pasaba el rastrillo por el área pequeña. Mientras rastrillaba me sentía responsable de proporcionar la superficie de juego perfecta para mis héroes.
¿Correr?
4. Dar un solo toque al balón es la forma de técnica más refinada. El buen jugador es el que toca una vez el balón y sabe a dónde correr. 
5. Un futbolista debe llevar el balón es sus pies. Debe correr lo menos posible, porque cuanto más se canse, peor será su técnica. 
6. No se trata de cuánto corres sino a dónde corres. Crear triángulos constantemente implica que la circulación de balón no se interrumpe nunca. 
7. Algunos piensan que tienen que jugar el balón hacia delante, cuando en realidad deberían pasarlo al que viene detrás. Es cierto que su posición es más atrasada, pero su perspectiva es mucho mejor. Igual ocurre en el rugby.
Él
8. [Cuando Cruyff se fue al Barcelona, en el Ajax no sentó bien] A mi madre le dieron una localidad en el campo peor que la que tenía hasta entonces. Detrás de un poste. Con eso es con lo que más daño me hicieron. 
9. Además, yo ya sabía que ni siquiera yo era inmortal. 
10. Mi talento futbolístico me lo dio Dios. Yo no tuve que hacer nada para conseguirlo.

Un detalle final: el libro es interesante, aunque el estilo deja mucho que desear, con frases mal construidas y una estructura endeble. Cosas del directo, o de la rapidez.

4 de diciembre de 2016

Lo que prefieras

Posiblemente, es la frase más hermosa del mundo. "Lo que prefieras", así, tal cual, es toda una declaración revolucionaria en los tiempos que vivimos, donde uno puede elegir absolutamente todo lo que desea, y el mercado nos los sirve en bandeja de plata: una oferta ilimitada y la atención cada vez más exquisita al cliente nos han convertido en unos perfectos señoritos.

Y en medio de todo, "lo que prefieras". Tres palabras que existen, reales, y que a veces se escuchan. Hace poco lo comprobé con un amigo en una salida de fin de semana. Cualquier elección -comprar este pan o aquel otro, elegir un itinerario entre varias opciones, parar aquí o allá- era para él una invitación a que hiciera lo que yo quisiera.

La vida, la verdadera vida, es lo que ocurre por dentro. Las verdaderas alegrías no llegan desde el Caribe, de un buen partido de fútbol o de una inigualable cena en El Bulli. Lo que llena, lo que realmente merece la pena vivir, son esas pequeñas atenciones que damos y recibimos. Eso es lo que comprobé ese fin de semana: lo de menos era el lugar, el viaje, el entretenimiento. Lo mejor, una compañía que hacía todo lo posible para olvidarse de sí misma.

"Lo que prefieras". Una frase para enmarcar. O mejor, para vivir.


20 de noviembre de 2016

Contra la transparencia

A todos nos gusta la transparencia, especialmente la de los demás. Es un concepto atractivo porque va de la mano de otros atributos, tan sugerentes como el primero: honestidad, ejemplaridad, naturalidad, etc. Y además, embelesa porque no admite matices: se es o no se es transparente; no podemos ser transparentes al 20 o al 80 por ciento. Todo o nada.

No hay simposio, jornadas, conferencias sobre comunicación, en que esta palabra no sea citada, y en muchos casos, esté incluida en el título o sea el tema principal de un evento.

Es evidente que se ha avanzado mucho estos años en la gestión de organismos públicos y privados. La ley de 2013 y el portal de transparencia del Gobierno son pequeños pasos realmente imprescindibles. Pero el camino por recorrer es inmenso. Como explica la periodista Berta G. de Vega, "transparencia radical sería saber la mortalidad de cada servicio de un hospital", por ejemplo.

Una distinción importante: la transparencia de lo público es más que evidente, ya que está al servicio de todos y se sostiene con nuestros impuestos. La gestión pública está cada vez más examinada, controlada, y realmente cualquier herramienta que impida la corrupción es bienvenida. 

En el ámbito privado, no es tan clara la exigencia de una transparencia absoluta. De aquí, el título polémico del post. Para empezar, algunas preguntas: ¿entendemos todos lo mismo por transparencia?, ¿un dircom debe impulsar el conocimiento real, malas noticias incluidas, de su institución? ¿cómo conjugar la cacareada transparencia con estrategias, tácticas, planes de comunicación?

Una buena comunicación es aquella que muestra el bien que realiza la empresa a la sociedad, que escucha y dialoga con sus públicos, y que en momentos de crisis no se esconde ni se justifica. Que actúa con rapidez, que otorga los datos razonables antes incluso de que se les pida, y que siempre está dispuesta a contestar todas las preguntas, aunque a veces no se deba responder absolutamente todo: por prudencia, por el bien de terceros, por pudor, o por otras mil razones. 

En fin, ¿transparencia? Claro, pero con matices, sin que se nos llene la boca.