26 de octubre de 2018

El secreto está en la amabilidad

Hace unos días, me envío un amigo dos referencias sobre temas de “amabilidad” en las comunicaciones digitales, que le llamaron la atención.

La primera es una “advertencia” que aparece en la plataforma de ayuda técnica entre usuarios “Stack Overflow” cuando la respuesta que se va a emitir tiene por destinatario a un usuario que es nuevo. Se dice expresamente (en inglés): “es un nuevo miembro, sé agradable”. Tradicionalmente había quejas de que a los nuevos usuarios, evidentemente inexpertos, se les contestaba a veces sin contemplaciones.


La segunda es un informe de marketing digital referenciado por Semrush, en el que se indica que dar las gracias a los clientes es bien recibido. Basado en envíos por correo en 2017, las campañas de email que expresan gratitud en el “Asunto” del mensaje, como "con un sincero agradecimiento" o "esta temporada de vacaciones, nos gustaría decir '¡gracias!'" tenía tasas de apertura y clics únicas del 69% y 38% más alto, respectivamente, que todas las referencias de su industria (tasa de apertura única de agradecimiento de 28.6% y tasa de clics única de 2.3%; frente a una tasa de apertura de su industria de 16.9%, y tasa de clics de 1.7%).


Lo bueno de la amabilidad es que es perfectamente asequible a cualquier persona y empresa; no requiere esfuerzo, es sencilla, gratis y breve. Es decir, ser amable está al alcance de todos y además siempre tiene "premio": el cliente, el usuario estará predispuesto para volver a ti o al menos para mirar con aprecio tus virtudes y con indulgencia tus errores.

Gracias por llegar hasta aquí. 😉
 

9 de mayo de 2018

Andrés

Iniesta es de los pocos que no necesita, hoy por hoy, un apellido. Su nombre lo llena todo, incluso en muchas ocasiones se le llama simplemente Don Andrés. Se ha escrito mucho sobre él estos últimos días, y seguramente queda poco que añadir. Pero me veo en la obligación –sí, obligación-, de rendir mi pequeño tributo a un futbolista diez, en el aspecto humano y en el profesional. Prefiero centrarme aquí en la parte del balón, en la del jugón.

Los comienzos de Iniesta en el primer equipo no fueron fáciles. Tardó en ser titular, pero poco a poco se fue haciendo insustituible. Hasta hoy. El tiempo no perdona a nadie, y menos a los exquisitos, a los artistas. Un arañazo en una obra maestra, Las Meninas por ejemplo, es más doloroso y cruel que el mismo daño en una obra más vulgar.

Para mí, el juego de Iniesta tiene todo lo que espero del fútbol: visión de juego, pase, control y conducción del balón. Lo demás, incluido el gol y reconozco que es mucho decir, me importa menos. Soy de los que prefieren un pase entre líneas, medido, al pie o mejor al espacio, o un control impecable, que un gol de chilena o de volea espectacular. Hay gente para todo.

Andrés también tiene defectos, y empiezo por aquí: no posee un gran disparo ni mucho gol, aunque nunca olvidaremos el iniestazo en Stamford Bridge o el gol del Mundial. No va bien de cabeza, no defiende como un pitbull, ni es un regateador habilidoso.

Su fútbol siempre ha tenido otras virtudes excelsas, que lo han convertido en un vino añejo, de la mejor cosecha, como sus vides. Un estilo Laudrup, jugador que le encandiló, por la conducción de balón y su suave movimiento de cintura para el amago y el dribling. Una capacidad innata para saber hacer lo mejor en cada situación, por difícil que parezca. En este sentido, Modric es similar, aunque la elegancia y recursos de Iniesta son mayores. Siempre me asombró el temple de Iniesta, la sensación de no ponerse nervioso nunca con un balón. Nunca. Y he visto mucho fútbol, mucho Barça, mucho Iniesta.

Con Andrés hemos vivido los mejores año del Barsa. No sé si volverán. Pero quedará para siempre en mi memoria cómo avanzaba con el balón, cómo lo acariciaba. Era un jugador de fútbol que en vez de entregar el balón parecía repartir caramelos, que se deslizaba como el patinador sobre el hielo, que todos sus movimientos parecían naturales, sin apenas esfuerzo.

Gracias por tanto, maestro, gracias por todo.

4 de abril de 2018

España incomprensible

Con ese título definía a nuestro país un amigo hace unos días, al ver las recientes manifestaciones de devoción religiosa con ocasión de la Semana Santa. Y no es para menos. Nos manifestamos por todo tipo de causas, y casi siempre de modo absoluto y de forma masiva, de un signo o de otro, por temas importantes o banales.

Resumo aquí mi experiencia de estos días pasados, lo que he visto en la calle, en varios paseos tranquilos, pero también a través de la televisión, siguiendo algunas procesiones.

El miércoles, en la calle Atocha, me topé con una gran fila de personas. De lejos imaginé que sería la entrada a un teatro, un cine o qué se yo. Según me acercaba, comprobé que la gente esperaba para entrar en la iglesia de Santa Cruz, cerca de la Plaza Mayor, junto al magnífico edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores. El motivo, san Judas Tadeo. Según me contaron los devotos, todos los miércoles del año, pero de modo especial el último miércoles de cada mes, centenares de personas se acercan a pedir sus "imposibles o causas difíciles" al santo. Colas para rezar a san Judas: lo último que me esperaba.

Durante el Jueves y Viernes Santo, al entrar en varias iglesias de Madrid, me asombró ver el gran número de gente que rezaba, que pasaba tiempo en el templo, y no por turismo. Escenas tan conmovedoras como la de un buen grupo de sordomudos rezando en la iglesia de Santa María del Silencio, o la conjunción de prostitutas a apenas cinco metros de la puerta de san Martín de Tours y la entrada de familias a rezar en esa iglesia.

El plato fuerte, como siempre, se lo llevan las procesiones. En este punto, Madrid ha cambiado mucho en los últimos años. Las cifras de personas que salen a la calle no hace más que aumentar, y los propios pasos se enriquecen año tras año. Me sorprendió no solo la multitud, sino la devoción de los asistentes. Una multitud devota, en silencio, que contempla, que mira con respeto, es algo bello, muy contrario al concepto de masa, bullicio, caos.

Una España incomprensible, quizá, o al menos diversa, cambiante, voluble. Así somos, y me alegro. Pero nunca dos Españas.




19 de noviembre de 2017

10 actitudes en la conversación

Conversar,  lo que se dice conversar, cada vez es menos frecuente. Deseamos conversar, hablamos sobre conversación -este es un ejemplo-, teorizamos sobre conversaciones... En cambio, nos encanta hablar y escucharnos a nosotros mismos.

La conversación, el tan anhelado diálogo, cuando están en juego posiciones distintas, y a veces contrapuestas, es posible y recomendable. Pero requiere algunas actitudes, idea previas, que conviene tener en cuenta. Pueden ser más, pero de momento nos conformamos con señalar diez, que siempre queda redondo: 

1.  Acogida. Hoy es básico acoger bien. No hay método de conocimiento más rápido que el amor. El respeto es esa mirada atenta, que acoge. Un excelente acogida consigue más que decenas de razones.

2. Tono. Importa mucho el contenido, y más en esta época impregnada de sentimientos y emociones. Per no hay que olvidarse que el buen tono en el diálogo, en la conversación, es primordial para no perder la primera batalla. La cordialidad, mesura y elegancia son siempre bienvenidas.

3. Matices. En medio del dilema, del conflicto y la confrontación, tan apetecibles a las audiencias y a los medios de comunicación, busca espacio para el matiz, el detalle, las escalas de grises. La vida está llena de pequeñas cosas. Muéstralas. 

4. Lenguaje. Utiliza palabras que se entiendan con facilidad, que no necesiten aclaración, que no tengan doble o triple significado. Sé claro, directo y unívoco: lenguaje universal, en definitiva. 

5. Juntos. No posicionarse mentalmente en otro bando, en otro equipo. Las barreras mentales que uno se pone son visibles para nuestro interlocutor. Los muros de nuestra imaginación son más grandes que los construidos con pico y pala.

6. Dudas. La duda acerca; nos hace ser uno de ellos. No se puede dudar de todo, como es lógico, pero si de numerosas cuestiones, procesos, etc. Un gran ejemplo es Joseph Ratzinger, que empieza a explicar muchos temas partiendo de la duda, o de la posición contraria.

7. Humor. Saber quitar hierro a multitud de temas. “Casi todo en esta vida se resuelve con una buena cerveza y una hamburguesa", leí hace poco. Saber ser sanamente “superficiales” con la gente superficial. Utilizar la ironía en algunos casos.

8. Todos. No rechazar a nadie, no juzgar a nadie. Como siempre, Mafalda tiene razón: “Amo la humanidad: lo que me revienta es la gente”. Que no nos pase lo mismo...

9. Vulnerables. Saberse débiles, vulnerables, nos hará más humanos, más cercanos, más creíbles.

10. Escucha. Está en última posición, pero es la primera cualidad de cualquier diálogo. Se sigue hablando mucho sobre la escucha, pero continuamos escuchando poco. La auténtica escucha implica intentar comprender las razones del otro; es decir, hacer un esfuerzo intelectual no solo por ponerse en la piel del interlocutor, sino por querer, así "querer", comprenderle.



9 de septiembre de 2017

El Camino de Santiago es lo de menos

Hace una semana comencé el Camino de Santiago. Lo haré por tramos, sin prisa, pero desde el principio. Las primeras etapas han sido maravillosas, desde San Jean Pied de Port hasta Pamplona, pasando por el precioso e importante lugar de Roncesvalles. Bosques de hayas, robles, largos caminos con sombras y suelos repletos de hojas húmedas, donde cada pisada es una bendición al tacto.

Pero por encima de todo, de la grandes vistas, de los parajes, el Camino me ha entusiasmado por la posibilidad de conocer y conversar con tantas personas de los orígenes más dispares: una cena con coreanos y taiwaneses, un café con un brasileño y una canadiense, un paseo con un matrimonio anciano de Alburquerque, Nuevo México...

No es un chiste, es el Camino: un francés, dos portugeses y dos españoles...


























Resumo en tres verbos mi entusiasmo por el Camino:

Caminar. La actividad física es importante; para un buen descanso, un gran cansancio. Caminar a tu ritmo, sin necesidad de llegar el primero. Además, al menos en mi caso, solo se puede pensar, reflexionar, si uno camina con calma (y si el suelo es regular, sin piedras). Sudar, beber, volver a sudar. Una paradita que sabe a gloria. Pequeños placeres debidos a pequeños sufrimientos.

Contemplar. En su sentido más amplio, me refiero a ver lo que te rodea con ojos nuevos, observar con asombro un árbol hermoso, los saltitos nerviosos de un petirrojo o el collado Lepoeder, cerca ya de Roncesvalles. Contemplar también es ir más allá, buscar los porqués, el sentido último de lo que te rodea, la bondad de un Dios que ha cuidado todo detalle. Contemplar es mirar con agradecimiento.

Conversar. Lo dejo para el final, pero a mi juicio es lo mejor del Camino. He tenido la suerte de coincidir, durante tres días, con personas de más de 40 países. Sí, 40. Una vuelta al mundo si salir de Navarra. Y hablar sin mirar el reloj, con el móvil en la mochila, sin interrupciones tontas. Conversaciones trascendentes y superficiales, largas y cortas, tú eliges. La variedad de personas, motivaciones, culturas, es tan inmensa que por si solo constituye una experiencia impagable. O al menos muy, muy barata.

¿Lo mejor del Camino? La gente. El resto, en el fondo, es lo de menos.

Buen camino. Y mejor meta.

PD. Un pequeño detalle: hacer estas etapas al comienzo de septiembre tienen premio: a derecha e izquierda excelentes moras salen a tu paso.

Una japonesa a punto de coronar Leopeder.
El Camino navarro, la octava maravilla del mundo.

22 de junio de 2017

La belleza de la vulnerabilidad

Ser vulnerable. Verte vulnerable. Saberte vulnerable. Me fascina el poder de la vulnerabilidad, la fuerza de saberse herido, de equivocarse, de sentirse frágil. De no tener el control, en definitiva. Pero precisamente, en la vulnerabilidad radica nuestra mayor fuerza, como analiza Brene Brown en su libro sobre esta realidad.

No sé si vivimos en un mundo complejo, o nosotros mismos lo estamos complicando. Todo se mide -"mide y vencerás", es el eslogan de una empresa-, analiza, evalúa, compara.


La reputación, palabra mágica en los últimos años, referida a una marca o una persona, tiene cada vez más importancia. Y es lógico. La inmediatez, transparencia y comunicación constante obligan a cuidar cada detalle, porque todo importa.

La buena imagen es necesaria, sí, y la reputación, que se construye día a día, paso a paso, tarda años en consolidarse, y se puede perder en 140 caracteres. Pero con frecuencia asociamos buena imagen con hacer todo bien. Y esto es muy difícil de sostener, y sobre todo, de creer.

Pánico al rechazo

Esta cultura por la perfección así entendida, donde todo está bajo control, el miedo a equivocarse puede llegar a ser paralizante, porque no permite el fallo, o mejor dicho, que el error sea descubierto. El miedo a la crítica, el pavor a no gustar, la excesiva corrección, son hoy día el 'abc' de la comunicación personal e institucional.

En el fondo, es mi opinión, no nos creemos la frase de "errar es de humanos". Y pedir disculpas, pedir perdón, se ha convertido en algo imperdonable.

12 de marzo de 2017

Cruyff, un año después

Johan nos dejó hace un año. El 24 de marzo. Recuerdo el momento exacto: paseaba por una calle de Burgos, era fin de semana, y estaba allí de viaje. A los pocos meses se editó Johan Cruyff 14. La autobiografía. Una delicia para todo amante del fútbol y por supuesto del cruyffismo. 

Huérfano de padre cuando era niño, una madre que trabajó de limpiadora en los vestuarios del Ajax, dos entrenadores que le marcaron para siempre... Su fuerte personalidad le llevó a irse del Ajax por no ser elegido capitán, y a enfrentarse de por vida con los directivos de varios equipos. Líder del Fútbol Total, en su vida personal siempre contó con el apoyo y la ayuda imprescindible de su mujer.

He recopilado algunas frases que resumen su modo de entender el deporte, su carácter y por supuesto, sus grandes dosis de orgullo, que a veces le sirvió, y otras le condenó. Cruyff en diez puntos:

Comienzos
1. Lo más importante que he aprendido como jugador es que, por encima de todo, necesitas cuatro cosas: un buen césped, un vestuario limpio, jugadores que se limpien sus propias botas y que las redes de las porterías estén tensas. 
 2. Cuando te caes sobre cemento, duele, y por supuesto, no quieres que te pase. Así que juegas al fútbol procurando no caerte. Por eso soy muy partidario de que los jóvenes jueguen al fútbol sin tacos: así aprenden a mantener el equilibrio. 
3. Recuerdo con mucha claridad la primera vez que me dejaron pisar el césped con el campo lleno. Tenía 8 años y pasaba el rastrillo por el área pequeña. Mientras rastrillaba me sentía responsable de proporcionar la superficie de juego perfecta para mis héroes.
¿Correr?
4. Dar un solo toque al balón es la forma de técnica más refinada. El buen jugador es el que toca una vez el balón y sabe a dónde correr. 
5. Un futbolista debe llevar el balón es sus pies. Debe correr lo menos posible, porque cuanto más se canse, peor será su técnica. 
6. No se trata de cuánto corres sino a dónde corres. Crear triángulos constantemente implica que la circulación de balón no se interrumpe nunca. 
7. Algunos piensan que tienen que jugar el balón hacia delante, cuando en realidad deberían pasarlo al que viene detrás. Es cierto que su posición es más atrasada, pero su perspectiva es mucho mejor. Igual ocurre en el rugby.
Él
8. [Cuando Cruyff se fue al Barcelona, en el Ajax no sentó bien] A mi madre le dieron una localidad en el campo peor que la que tenía hasta entonces. Detrás de un poste. Con eso es con lo que más daño me hicieron. 
9. Además, yo ya sabía que ni siquiera yo era inmortal. 
10. Mi talento futbolístico me lo dio Dios. Yo no tuve que hacer nada para conseguirlo.

Un detalle final: el libro es interesante, aunque el estilo deja mucho que desear, con frases mal construidas y una estructura endeble. Cosas del directo, o de la rapidez.