15 de diciembre de 2013

El arte de la concisión

El arte de escribir es el arte de acortar, decía Chejov. Algo similar nos enseña Stefan Zweig en "El mundo de ayer", su autobiografía. Además de ser un protagonista de excepción de la primera mitad del siglo XX, es un escritor con una pluma tan certera, que no sorprende el éxito que ha tenido y siguen teniendo muchas de sus obras.

Dedica unas páginas a explicar el proceso de escritura en sus libros. No tienen desperdicio. Algunas citas que me han gustado:

Descubrir una frase, incluso una palabra, cuya ausencia no disminuiría la precisión y a la vez aumentaría el ritmo.
Y para los que quieren llenar páginas y páginas, sin orden ni concierto, ésta otra:

Recuerdo una ocasión en la que me levanté del escritorio especialmente satisfecho del trabajo y mi mujer me dijo que tenía aspecto de haber llevado a cabo algo extraordinario. Y yo le contesté con orgullo: 
-Sí, he logrado borrar otro párrafo entero y así hacer más rápida la transición.

El ritmo, la brevedad, la sustancia:

Saber limitarme preferentemente a las formas más concisas, pero conservando siempre lo esencial.
De momento, lo dejamos aquí, para no ser incoherente con el artículo. Pero recuerda: "lo mejor de lo que se escribe está en la imaginación de quien lo lee", como dijo Mónica Fdez. Aceytuno, periodista y excelente divulgadora de la Naturaleza.

6 de diciembre de 2013

No estoy de acuerdo, necesito escucharte

La frase del título es de S. Covey. Fue citada en una de las excelentes sesiones de Ferrán Ramón Cortés, sobre comunicación para la negociación, a las que tuve la suerte de asistir, como alumno del MEGEC.

Necesito escucharte, no "necesito explicarte", a ver si de una vez consigues entender. No. Para que la conversación sea realmente abierta, es preciso poner todos los medios a tu alcance para comprender las razones y motivaciones del interlocutor.


Escuchar parece sencillo, porque parece una actitud más pasiva que activa, pero no es así. El buen "escuchador" memoriza, procesa, pregunta y repregunta, intenta adecuar su pensamiento al del otro, etc. No se trata sólo de mirar con interés, que es primordial, sino de tener realmente interés. 

Algunas pistas que nos pueden ayudar a medir nuestro grado de atención, y por tanto la calidad de algo tan básico como la comunicación personal:




1. Irrumpo en la conversación, sin esperar a que el otro haya acabado.

2. Miro a los ojos, al menos de vez en cuando. Y si puedes esbozar una leve sonrisa, mejor.

3. Abierto al cambio. Si lo estás de modo habitual, tus escuchas serán más vivas, más activas.

4. Soy capaz de recordar los argumentos, las razones del otro de una conversación reciente, porque las valoré, las hice mías: me importaron.

5. El conflicto es un tema emocional. La discrepancia es normal y buena, pero el conflicto suele llegar por la forma en que nos comunicamos.

6. ¿Tengo la habilidad de hacer hablar al otro?

7. Si me irrita algo del otro, debo pensar: ¿por qué me ocurre? Y no echar la culpa a la otra persona.

8. Piensa si cuando estás delante de alguien no ves a esa persona sino lo que piensas de ella.