7 de febrero de 2014

Lo que debes saber sobre las listas

1. El orden sí importa, y mucho. Hasta tal punto, que los rasgos iniciales de una lista cambian el verdadero significado de los rasgos que vienen después. Un ejemplo, sobre las características de Alan y Ben:

Alan: inteligente-diligente-impulsivo-crítico-testarudo-envidioso
Ben:  envidioso-testarudo-crítico-impulsivo-diligente-inteligente

Alan y Ben tienen las mismas características, como se puede comprobar. Pero también es cierto que, a primera vista, si hay que elegir a uno de los dos, el seleccionado será casi siempre Alan.

2. Otro principio básico: si la lista es leída los elementos básicos deben estar al principio, si va a ser oída, deben ir al final. Los menos recordados, como puedes imaginar, serán siempre los que vayan en medio.

3. Tres, ese número mágico. Cuando adjetives, no añadas demasiadas palabras. La naturaleza humana tiene su propio 'ritmo', y es muy amiga de los grupos de tres: Pedro era alto, feo y cabezón. Aunque también fuera muchas más cosas, quédate ahí. De tres en tres. Somos así. Nos gusta el tres. Qué le vamos a hacer.

4. Otra recomendación: no más de siete elementos en una enumeración. De alguna manera, se puede decir que sólo sabemos contar hasta 7. Es una regla universal en el mundo del diseño, y tiene su lógica: nos olvidamos de las listas demasiado amplias.

5. Y por favor, no abrumes con listas, datos, estadísticas, aunque siempre vienen bien y es preciso apoyarse en ellas. Pero si no es una tesis, o una investigación, utiliza los datos con cabeza, es decir, con oportunidad.

(Hasta aquí, algunas ideas que me gustaron de los libros ya mencionados en mi anterior post).

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, Alberto. Eso es: vamos a lo útil, dejando la literatura para otros escenarios... Abrazo!

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