1 de febrero de 2014

Tu cara me suena

Otra vuelta de tuerca. Un nuevo post sobre mecanismos psicológicos que utilizamos de manera inconsciente. Son ideas extraídas de los libros "Principios universales del diseño", imprescindible manual -pese a su antigüedad- escrito por Lidwell, Holden y Butler, y "Pensar rápido, pensar despacio", de D. Kanheman, que ya comenté en este blog.

Estamos dotados de la capacidad de evaluar, con una sola mirada a un rostro extraño, dos hechos potencialmente cruciales relativos a esa persona: si es dominante –y potencialmente peligrosa- o si es digna de confianza, si sus intenciones son amistosas u hostiles. La forma del rostro y la expresión facial son importantes.

Un rostro redondeado, ovalado, es rápidamente asignado a una persona amigable, cercana. Una cara angulosa, lo contrario. Es evidente que no debería ser así, pero estas percepciones ocurren y es útil conocerlas. (Mírate al espejo y... ¡ríete un rato!).


Una cara enfadada “sobresale” entre una multitud de caras de felicidad, mientras que una sola cara de felicidad no sobresale entre una multitud de caras enojadas. En los humanos hay un mecanismo diseñado para dar prioridad a los eventos malos.

O una cucaracha arruina completamente el atractivo de un recipiente lleno de cerezas, pero una cereza no altera en nada un recipiente lleno de cucarachas. Lo negativo anula lo positivo, y la aversión a la pérdida es una de las muchas manifestaciones de predominio de la negatividad.

En resumen, sonríe siempre, o al menos que no se note tu enfado, porque... la gente se fijará enseguida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario