21 de junio de 2014

Los primeros 7 segundos

De acuerdo: puede ser una exageración. A veces son 7 o quizá 27, pero lo que no es exagerado es que buena parte del éxito nos lo jugamos al comienzo, muy al comienzo de nuestro discurso. Estas ideas sirven de manera especial en el discurso oral, pero se puede aplicar también en los textos escritos.

En 7 segundos -o, repito, en 20- sabes si esa persona que te habla tiene algo que decirte, si es un experto, si transmite pasión, si es aburrida o no, si son todo fuegos artificiales o hay sustancia... En definitiva, si merece la pena escuchar o quizá es el momento sacar tu móvil y escribir ese mail atrasado o actualizar tu estado de Facebook...

Una aclaración previa: en retórica, en comunicación en general, nos gusta dar un valor casi absoluto a algunos elementos del lenguaje, del diseño, etc. Es este caso, sin ir más lejos. Pero ¿son importantes los primeros siete segundos? Sí. ¿Tengo que obsesionarme con que mi inicio sea espectacular? No. ¿Qué es básico en cualquier discurso, oral o escrito? Un contenido excelente. De nada vale empezar bien si luego nuestro mensaje es mediocre.

Volvamos al inicio, nunca mejor dicho. Empezar de manera memorable, o al menos, diferente, siempre ayudará a que nuestra audiencia se interese por nuestro discurso. Te dejo posibles formas de comenzar, por si te sirven:

1. Cita
Y no me refiero a las típicas citas de Churchill, Napoléon o JFK. Procura renovar tus citas, que no sean tan conocidas: acude a esa frase que te gustó de una novelista búlgara o de un violinista taiwanés. Da colorido. Sorprende.

2. Pregunta
Puede ser retórica o no. Al preguntar implicas a tu audiencia, compartes, les haces pensar y ves cómo reaccionan. Desde el principio sabes si el público está "contigo o contra ti", si está a gusto o no, si está con ganas o cansado, etc.

3. Polémica
Sin pasarte. Sin arriesgar en exceso. Pero una cierta división, un conflicto siempre ayuda a mantener la atención, a tomar postura y crear expectación. 

4. Palabra
No hay nada más impactante que empezar directamente con una palabra y dejar una pausa larga. Sirve para enfocar tu intervención y para dejar claro el tema, la perspectiva, etc. Como es lógico, deberá ser una palabra atractiva, que tenga fuerza, que sea inspiradora. Por ejemplo: El silencio, la libertad, la pasión, etc.

5. Anécdota
Lo personal nunca falla. Una excelente manera de hacerse con el auditorio es "hacerse como ellos", cercano, uno más, con una anécdota sencilla, quizá muy reciente, incluso nada espectacular ni especialmente redonda. Sé como la mayoría. Para superhéroes, Marvel.


Este post, estas ideas, tienen su origen en el libro "Plus Plus", de Florian Mueck, una excelente guía, en inglés, para mejorar tus presentaciones.

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