2 de agosto de 2014

El termómetro de la atención

Atender nunca ha sido fácil. Con frecuencia se pide incluso como favor ("¿Me puedes prestar atención?") o por duplicado ("Atención, atención: se ruega...").

Quizá hemos entendido mal el significado real de este verbo, y no hemos quedado con la parte pasiva, poco protagonista, secundaria, que conlleva la acción de atender. Comunica el que habla y el que escucha, porque esto es cosa de dos. Y siempre, no lo olvides, cuando escuchas estás también hablando.

La atención, como bien explica Daniel Goleman en su libro 'Focus', es un músculo que se desarrolla en la medida que se ejercita. La sociedad actual está en un estado de atención parcial continua, indica el mismo autor; se está perdiendo la capacidad de conversar, porque no hay "buenos escuchadores".

Algunas ideas prácticas, que pueden servir de termómetro de atención.

1. Disfrutar el momento. No hagas fotos de todo lo que ves de interés. Se puede salir de excursión y no colgar fotos en tus redes sociales. De verdad, se puede. Contempla, escucha -a tu pareja, tu amigo, ¡a la naturaleza!-, saborea el presente.

2. Observadores de primera clase. Así lo denomina W. Bennis, prestigioso autor sobre liderazgo. Desarrolla una atención esmerada en cada situación, y experimenta una fascinación por lo que ocurre en cada instante.

3. Esa cara, por favor. Sí, la cara es el espejo del alma, y especialmente de la atención que prestas a tu interlocutor. Un semblante serio, adusto, de enfado, se reconoce mucho antes que uno alegre, sonriente. Está comprobado que detectamos antes lo negativo que lo positivo, sobresale más el enfado que la alegría. 

4. No hagas "como que escuchas". El interés es clave, no disimules que será peor. Se trata de que nos interese, primero, la persona con la que estamos. El contenido de la conversación viene después. El primer "respeto" (palabra tan actual) hacia el otro es valorarle, atenderle.

5. Mi voz, mi aliada. A veces no atendemos con parte de razón: ¿eres consciente de tu tono y volumen de voz? Quizá es estridente, hablo demasiado rápido, o por el contrario, soy tan premioso que el que escucha pierde la paciencia y desconecta pronto. ¿Tienes una voz persuasiva? Sin caer en el artificio, ni cambiar lo que no se pueda cambiar, no está de más preguntarnos: ¿mi voz se presta a ser atendida?



Mi sugerencia, si te sirve: aprovecha el verano, el mes de agosto, las vacaciones, para atender, para escuchar con gusto, para comunicar de verdad, sin técnicas ni estrategias: únicamente con el deseo de complacer a quien habla. Habrás mejorado tu comunicación mucho más que leyendo diez libros excelentes sobre la materia.

1 comentario:

  1. Muy acertado para las vacaciones que comienzo, gracias!

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