24 de octubre de 2014

¿Grabar el momento, o disfrutarlo?

La obsesión por captar el momento, en foto o video, ha llegado a su apogeo. El intercambio de imágenes, la facilidad para editarlas, guardarlas, comprimirlas, ha favorecido la democratización absoluta de la fotografía.

En realidad, es el mismo fenómeno que ocurre con el excesivo uso de las redes sociales. Es famoso el cartel que dice: "En caso de incendio, salga del edificio antes de tuitearlo".

Cuando veo una imagen en la que aparece un personaje relevante y alrededor decenas y decenas de personas haciendo una foto, o un video, para inmortalizar el momento, me pregunto: ¿no hubiera sido mejor disfrutar de esa cercanía sin hacer una foto? Captar ese instante, ese gesto, con tu propia mirada, saber disfrutar del momento, libre de enfoques, encuadres y fotómetros.

Es la vieja ilusión del "yo estuve allí", de dejar constancia, de enseñar tu "trofeo" a tus amigos, o de simplemente guardarlo para la posteridad. Es lógico y natural. Lo raro sería lo contrario. Pero quizá nos hemos pasado con el deseo de inmortalizar todo y a todas horas. Antes era más complejo, ahora lo complejo es negarse a hacerlo.



Otra experiencia compartida: el problema de qué hacer después con tanta imagen y video almacenado. Realmente, el 90 por ciento de lo grabado lo terminas tirando. Con las excepciones lógicas, ¿a quién le importa una foto de hace siquiera una semana, cuando ya almacenas otras cuantas de los días siguientes?

Y otro aspecto. ¿Te has parado a pensar el tiempo dedicado a almacenar, archivar, editar, compartir, reenviar, duplicar, etc. tantas y tantas imágenes? En mi caso reconozco que me hubiera gustado dedicar algo de ese tiempo a muchas otras cosas.

Un consejo, que me aplico: no caer en la tiranía absoluta de la imagen. A veces queremos disfrutar tanto de la vida en el futuro, que nos olvidamos de hacerlo en el presente.


19 de octubre de 2014

La evaluación, la guinda que no debe faltar


La evaluación, esa gran olvidada en cualquier trabajo y empresa, y cómo no, en comunicación. Pero merece un post, aunque no interese a casi nadie.

En cualquier evento de cierta magnitud, los trabajos previos ocupan un 60 por ciento, la ejecución un 30,  y la evaluación el 10 por ciento final. Más o menos. Si el evento dura una semana en vez de unas horas, la parte de ejecución ocupará un porcentaje mayor.

Siempre la hermana pobre, el patito feo, será la evaluación. Dos motivos evidentes:

  • Cansancio general después de la celebración del evento o actividad.
  • Sensación de que "el partido ha terminado".

Es un error dejarse llevar por los parabienes, felicitaciones, o al contrario, hundirse ante el fracaso, y no terminar bien el trabajo iniciado. Una buena evaluación conlleva (y ahora sí me refiero al impacto en la opinión pública):


1. Agradecer. Incluye todo el personal, interno y externo (stakeholders). Es necesario, a veces por justicia, y siempre por educación y cortesía. A través de una carta, una llamada de teléfono, un correo electrónico, etc. No es el motivo principal, pero no olvides que la gente te recordará por esa llamada, esa carta, ese gesto. En buena parte, porque fue el último entre los dos.

2. Documentar. Recoger toda la información, selección y valoración posterior. ¿Superó las expectativas? ¿Dónde se acertó o falló?

3. Sintetizar. Elaboración de un informe de tu trabajo, de tu área. Debe ser breve, útil, e inteligible. Quizá ese evento no se organice de nuevo hasta dentro de dos años, cinco, o los que sean. Por tanto, cuenta con quizá no estés tú en la empresa, ni otros de tu equipo. 

4. Aportar. Redacta tus impresiones. Lo que ha salido bien a tu juicio y lo que no funcionó. Y lo más importante: ¿qué puede sirve para el trabajo futuro, en el día a día? No lo olvides, en comunicación los grandes avances se producen en momentos de crisis, sean negativas o positivas. Por tanto, es el momento de asimilar y de incorporar algo a la rutina diaria del trabajo.

5. Empatizar. Una oportunidad para mejorar la comunicación interna. Ha pasado la "tormenta", todo vuelve a su sitio, y los empleados merecen la atención, el diálogo más sosegado con sus jefes, quizá es el momento para limar alguna herida de la batalla, y es necesario el perdón por parte de unos y otros...




13 de octubre de 2014

Nunca desprecies la Tipografía


Siempre me gustó la tipografía, la caligrafía, el diseño en general. Soy de los que despliega las fuentes de un programa y dudo demasiado a la hora de elegir el tipo de letra. Pruebo uno, otro, lo pongo en negrita, cambio el cuerpo, etc. 

Hace unos días, mi amigo Pablo, diseñador gráfico, me dejó un 'clásico' de la tipografía: "Es mi tipo", de Simon Garfield. Un libro ameno, ilustrativo, con datos históricos y anécdotas muy variadas, del que me sirvo para este post.

Comic Sans no es el tipo más querido...

Si piensas que la tipografía es algo de frikis, llevas razón hasta cierto punto. Si te dedicas a la comunicación, en cualquiera de sus variantes, no se trata en absoluto de algo superfluo. Incluso para cualquier disciplina, la letra elegida tiene su importancia. De alguna manera, todos somos "de letras" cada día de nuestra vida. 

Algunas curiosidades sobre la tipografía, para que descubramos su importancia:

  • Hay tipos de letra para situaciones distintas. Por ejemplo, para un cartel de ‘Prohibido el paso’, utiliza Impact o Arial Black, pero no Comic Sans, que sería ridículo. Una carta de vinos es distinta a una de aperitivos. Los primeros, por ser más valiosos, requieren quizá una letra con serifa. 
  • Cada fuente tiene su personalidad. La Cooper Black es cálida, hospitalaria, fiable y reconfortante. En cambio, la Didot es sofisticada, refinada, con clase. 
  • "Si eres capaz de recordar la forma de la cuchara mientras comes, seguramente esté mal diseñada" (Frutiger). El diseño debe ser bello pero banal, lo importante es que el lector capte con rapidez el mensaje, el contenido, no la letra en sí.
  • Helvética. La reina de la tipografía hoy día. Incluso existe un documental titulado así, "Helvética", muy recomendable si te gusta un poco este mundillo. Y Arial es el imitador de Helvética creado por... sí, por Microsoft.
  • El uso de letras góticas ha quedado reducido a los siguientes campos: nombres de grandes diarios (The New York Times, por ejemplo), pubs, el heavy metal y los tatuajes.
  • ¿Sabías que hubo una controversia grande cuando IKEA pasó de usar Futura a utilizar Verdana? Fue la noticia del año para los amantes de la tipografía...
  • Y un dato interesante: hay fuentes, como Times New Roman, que van muy bien en papel; y otras como Georgia, que se adecuan mejor al formato pantalla.
  • La letra "g" marca la personalidad de cada fuente.


3 de octubre de 2014

La atención memorable al cliente

"Ofrecemos una esmerada atención al cliente". Así dice un cartel de una frutería del barrio de Moratalaz, de Madrid. Esmerarse: esta es la clave. No basta una atención digna, correcta, educada, ni siquiera buena. El esmero es más, es lo que te convierte en memorable. Llegar a casa, al trabajo, a las redes sociales, y tener deseos de contarlo. Así de sencillo.

El cliente siempre tiene razón, decíamos; ahora el cliente lleva también nuestro negocio. Hoy día, lo sabemos y experimentamos, a través de las redes sociales, de la facilidad de comunicarnos con quien sea en cualquier lugar del planeta, la transparencia es brutal. Para bien y para mal. Un error por pequeño que sea puede dar la vuelta al mundo, y no es una exageración.

Pequeñas ideas para grandes éxitos en tu negocio (y en tu vida):

1. Excederse. Casi siempre, un exceso de buena atención cuesta muy poco y tu cliente lo recordará mucho tiempo. Me pasó hace una semana: comida en restaurante, llega el momento de licor de hierbas, y digo que no, que muchas gracias (ese día, curiosamente, no quise). Al poco, el camarero me vuelve a insistir, con amabilidad, y me ofrecer otras alternativas: pacharán, etc. Le vuelvo a decir que no. Pero ese fue el detalle, el "exceso". No hacía falta: ya me había ofrecido antes!

2. Universal. Es decir, todas las personas, sean quienes sean. Otro suceso: me contaron de un directivo de una entidad educativa que el último día antes de las vacaciones bajó a despedirse del personal de servicio. Una de estas personas comentó: en 25 años que llevo aquí ningún jefe había hecho ese sencillo gesto.

3. Interés. Y hablando de gestos. No son gestos, es interés real. Esta es la clave. Y se nota cuando "buscamos salir en la foto", y cuando queremos, por encima de todo, atender bien a un cliente (o empleado).

4. Inmediatez en la respuesta. La rapidez no solo indica buena gestión y eficacia. También es signo de buena atención, de empeño por resolver un pequeño problema, responder una petición, etc. En Twitter se ve con claridad: hay empresas que las mencionas y ni se inmutan. Las buenas, cuando las nombras, te responden en menos de 5 minutos.

5. Implicarse. Hay dos tipos de empleados: los que no se inmiscuyen en algo que no es de su competencia ("el jefe no está", "este tema es de Recursos Humanos", o "este asunto está en la web") y los que resuelven problemas, aunque no sea su obligación. Aquí está la diferencia, que es mucha.