1 de noviembre de 2014

Comunicar por encima de todo

Ya no sabemos que es lo importante que hay que comunicar, por tanto, sólo se comunican cosas acerca de la comunicación. Esta frase, y varias ideas de este post, corresponden a Fabrice Hadjadj, un autor muy interesante, escritor y filósofo francés, de padres judíos y origen árabe. Ateo, agnóstico y ahora católico; ¿alguien da más?

La obsesión por la comunicación es, como todas las obsesiones, peligrosa. El deseo de una comunicación perfecta, milimetrada, atenta a todos los peligros y consecuencias, se convierte en algo sin vida, de cartón, artificial.

Estas palabras del maestro Eckhart son muy oportunas: "la gente no debería pensar tanto en lo que hay que hacer, sino debería pensar en lo que tiene que ser".

El mito de Narciso, ¿el primer comunicador?

Buscamos la efectividad a toda costa, llegar a nuestros públicos objetivos antes que el resto. Y ese "resto", que antes era la competencia local, o regional, ahora es global. No hay límites. Es necesario sorprender, gustar y atraer cuanto antes, para no quedar fuera del partido.

Hace falta que las personas se comuniquen entre sí, ése es el imperativo, y que el medio de comunicación sea cada vez más fluido y atrayente. Acaba siendo tan atrayente que al final obstaculiza la propia comunicación, y su fluidez acaba siendo tan acuosa que con él no podemos recoger nada sólido.

El contenido es el rey, nos gusta sentenciar. Y el contenido, si es bueno, no se improvisa. Exige trabajo, dedicación, constancia. Después, sólo después, entra en juego el cómo vender ese producto, ese artículo, esa idea; pero éste el proceso, no al revés.







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