9 de diciembre de 2015

La otra Sevilla

Sevilla es la Giralda, Triana, el parque María Luisa, la Torre del Oro, la Macarena... Las terracitas, la cerveza Cruzcampo y el albero de sus paseos. Y turistas en carrozas tiradas por caballos.

Tuve la suerte de conocer esa Sevilla el fin de semana. Pero más suerte, y no es un recurso literario, fue estar un rato con Jesús y a su mujer en su casa del barrio de la Plata. Suena bien, sí. Pero en esta zona dejó de haber plata hace varios siglos El propio Jesús aclara: aquí se le llama el barrio sin ley. Mi visita, con otros amigos, fue de apenas una hora; una ong nos había facilitado su dirección.

Un grafitti inquietante en el barrio de la Plata.

Juan. 70 años. Albañil de toda la vida. Inválido desde hace años por tantas enfermedades que sería más rápido decir las que no padece. El primer dato que me deja perplejo: solo ha tenido vacaciones una vez en su vida. Y las pasó en Leganés para ver a unos familiares. Leganés en verano. Aquí lo dejo. El resto de su vida trabajar, trabajar y trabajar.

La mujer de Juan. No recuerdo su nombre. Pero me acordaré toda la vida de su cara, sus gestos, su bondad. 65 años, pero aparenta al menos diez más. La vida le ha castigado hasta decir basta. Operada del corazón, depresión, etc. Tiene tan poco fuerza en el brazo derecho que para sostener una botella o cualquier objeto de peso, debe apoyarlo sobre su abdomen. Resultado: moratones habituales en esa zona del cuerpo. Segundo dato que me deja sin habla: ha visto una vez en su vida la Giralda, y nunca, sí nunca, la Torre del Oro. Vive en Sevilla, en la otra Sevilla, desde hace 50 años.

Los hijos. Cuatro. Nos cuentan la vida de dos de ellos: uno drogadicto y la otra divorciada y sin trabajo, con cuatro niños que alimentar. No detallo más, pero hay un guion de cine detrás, de cine de terror, de drama hispano. Y también de esperanza, de lucha, de padres que siempre lo serán, con independencia de cómo sean sus hijos.

La casa. Me la enseña Jesús en 30 segundos. No va rápido, simplemente recorremos un piso de 49 metros cuadrados. Han quitado la puerta de la cocina casi para ganar espacio.

Volví a casa feliz. Había encontrado oro en el barrio de la plata. Gracias, familia.


25 de octubre de 2015

Escribir con boli

Escribir bien, realmente bien, lo consiguen muy pocos. Es cierto que está al alcance de muchos, pero la realidad nos muestra que son pocos los escogidos.

Los consejos -por favor, no les llamemos 'tips'- que encontramos en internet para mejorar nuestra expresión se centran sobre todo en dos aspectos: cómo mejorar las imágenes -tamaños adecuados, herramientas, filtros, etc.- y cómo conseguir un buen posicionamiento a través de marcadores, palabras clave, etc.

Hay cursos magníficos sobre redacción en internet, como el MOOC dirigido por el periodista y profesor Ramón Salaverría, que son una ayuda muy útil para acertar y ser relevante en nuestro trabajo periodístico en un entorno digital. Pero al final, escribir es escribir, y hay reglas elementales que no deben faltar.

Algunas ideas, pequeñas y básicas, que no viene mal recordar:

1. Palabras cortas mejor que palabras largas. Evita los adverbios acabados en "mente", mejor "uso" que "utilización", etc.

2. Pocas palabras. Cuantas menos palabras, mejor. Sé conciso. Todo el mundo lo agradecerá. El arte de aburrir consiste en explicarlo todo. Cuando hayas revisado el texto y eliminado palabras, vuelve a leerlo: seguro que encuentras más términos superfluos.

3. Párrafos asequibles. Evitar el párrafo-muro. El lector necesita respirar, tomar aire, descansar visualmente. ¡Qué alivio llegar a un punto y aparte!

4. Frases sencillas, de unas 20 palabras de media. Es una idea aproximada, pero nos puede servir de guía. Si vemos que siempre nos excedemos, hace falta una revisión.

5. Evitar el uso excesivo de sustantivos, que suele hacer pesado el texto. El lenguaje jurídico es un ejemplo en este punto.

6. Sujeto, verbo y predicado. La mente humana agradece lo simple, la natural. La frase más inteligible es la que tiene un orden interno. Si quieres alteraciones, escribe poesía.

7. Es bueno que tengas un estilo propio, pero el mejor estilo es aquel que lector no advierte. No intentes "hacerte notar" pues tu escritura, si es demasiado "tuya", será muy inteligible para ti y tus más cercanos seguidores, pero no para el resto. Frases muy cortas, de una sola palabra, dobles sentidos, puntos suspensivos, etc. a menudo requieren una explicación, un contexto.


El mejor consejo, como siempre, es sencillamente el entrenamiento diario, o al menos semana. ¿Qué tal si te propones escribir cada semana un texto de 500 palabras? Prueba.

Un librito útil, breve, que te puede ayudar, sobre todo si eres periodista: "La escritura transparente". Cómo contar historias. William Lyon.

11 de septiembre de 2015

Si rectificas, rectificas

La vida está llena de aciertos y errores. Quizá cada vez son más frecuentes estos últimos, bien por la rapidez de la comunicación, las redes sociales, lo que sea.

Me llama la atención, sobre todo en estas últimas semanas, algunos ejemplos de rectificaciones a medio gas, poco creíbles, un "porque hay que hacerla", en las que no adviertes una verdadera rectificación, y por lo tanto un arrepentimiento.

No se puede borrar y no dejar huella...

En estos tiempos de lo políticamente correcto, el cuidado a veces excesivo por la imagen pública, y el deseo de agradar siempre a todos y en cualquier parte, llevan a peticiones de perdón o disculpas demasiado ambiguas, poco claras. Nada creíbles.

Algunos ejemplos:

1. Gerard Piqué, futbolista. Insulta a un árbitro, consta en acta, y al día siguiente declara en su cuenta de twitter que "la actitud con la que protesté no fue correcta" pero "sin embargo, en ningún momento empleé ningún tipo de insulto". Realmente, un triple salto mortal...

2. Petra Laszlo, periodista húngara. Se convirtió en viral el video de sus zancadillas a emigrantes en la frontera de Hungría con Serbia. Aunque en mi opinión se ha llevado el asunto a un extremo, con amenazas de muerte incluidas, su rectificación llega un poco tarde y podría haber sido más clara: añade muchos datos, circunstancias, incluso se disculpa, pero no se percibe una rectificación a la medida de la difusión del video.

Son solo dos ejemplos recientes. Pero abundan las semi rectificaciones que no convencen.

Un ejemplo contrario fue el del Rey Juan Carlos, después de la caza de elefantes en Botswana. A la salida del hospital, declaró un escueto: "Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir". ¿Por qué es tan buena esta disculpa?

3 elementos, a mi juicio, de una buena rectificación:

  1. Rapidez. Hoy día 24 horas es una eternidad. Si realmente queremos rectificar, lo mejor es hacerlo enseguida, en cuanto tenemos los datos claros del error cometido y la trascendencia de nuestros actos.
  2. Brevedad. La palabra "perdón" tiene cinco letras. Pocas más bastan.
  3. Enfoque. No incluir explicaciones, circunstancias, contexto. Quizá un ligero matiz, si es necesario. Pero el foco, todo el esfuerzo, debe estar en la rectificación, no en la explicación del caso.
En definitiva, admitir un error -si ha sido un error- no permite salir indemne. Es preciso agachar la cabeza y pedir perdón con todas las consecuencias. 

Y por favor, por favor, si rectificas nunca digas el conocido "por si alguno se ha sentido ofendido", cuando es evidente que hay gente ofendida. 


30 de agosto de 2015

Aquellos burros zamoranos

Último día de agosto. Se acabó lo que se daba. Vuelta al trabajo, vuelta al blog. Y nada mejor que comenzar con el recuerdo de alguien querido, que hace seis días se fue al cielo: Angel García Moreno, periodista, padre de cinco hijos, excelente persona. Aquí puedes leer un obituario publicado en el diario Abc al día siguiente, firmado por su amigo Luis Mirón.

Mi pequeño homenaje lo resumo en tres palabras, que marcaron mi relación con él.

Narrador excepcional. Ángel era un gran contador, un 'cuentista' de primera. Recuerdo como si fuera ayer dos o tres veladas nocturnas alrededor de un fuego, en su pequeña casa de campo -con burros zamoranos- cerca de Madrid. Eran historias, historietas quizá, que transmitía con toda pasión, con afán de que tú mismo sacaras una consecuencia, una enseñanza para tu vida. Escucharle era olvidarte de todo, de tu reloj, de las prisas, de la vida. Mirarle y disfrutar. En estos años en que palabras como "relato", "storytelling", "historias", están en todos los debates sobre lo que debe ser el periodismo, Angel las dominaba a la perfección.

Pasión, segunda palabra. Arrastre, convicción, energía. Así vivió siempre. Sin avasallar, sin herir. Angel se dejaba el alma en cada conversación, en cada momento con sus amigos. Mi recuerdo es así de tajante, no exagero: cada vez que hablé con él notaba que estaba ante un hombre que se volcaba, que ponía el máximo interés en su interlocutor. Y esto es impagable e imborrable.

Alegría, tercera nota. No puedo contar pormenores de su enfermedad, porque en primer lugar los desconozco. Pero me consta que fue un proceso largo, cuatro años, y con momentos muy dolorosos. Pero si conservo de él que no advertí ni un milímetro de queja, ni un segundo de tristeza en su rostro. 

Gracias, Ángel. Te fuiste pronto, pero nos ganaste a todos. Una vida útil, profunda. Ahora, desde arriba, sigue susurrando historietas a los oídos de tu mujer y tus hijos. Nos vemos. ¡Y cuida también de esos burros zamoranos!

29 de mayo de 2015

Cómo ganar un referéndum

Un tema apasionante es descubrir cómo se forma la opinión pública. Cómo influir, qué mensajes son eficaces, quién configura mi mapa de públicos. Y si se trata de un conflicto entre dos ideologías, la batalla es todavía más interesante. Un caso reciente nos sirve como modelo. Después de leer varios artículos esta semana, aquí dejo alguna conclusión.

Hace siete días, Irlanda votó por el matrimonio homosexual.

  • Primer referéndum que se hace en Europa sobre este tema. 
  • Participación muy alta: 60%. 
  • Victoria clara, casi abrumadora, del sí. 62% frente a un 37%. 
  • Es el país número 19 que aprueba este ley. 
  • 8 de cada 10 irlandeses se declaran católicos. 
  • Y un dato más, importante: en 1993 la homosexualidad era delito. 

Todos los partidos políticos apoyaron el sí. ¿Cómo se afrontó el debate? ¿Cuáles fueron los mensajes clave, el estilo y el tono adecuado? ¿Qué podemos aprender del caso irlandés para encauzar tendencias, modificar la opinión pública?


Tres claves del éxito

1. Campaña del sí, con tono positivo, festivo, y de no enfrentamiento con la Iglesia. Los partidarios del matrimonio gay no han querido entrar a una "batalla", a una lucha de argumentos. No. Se han centrado en afirmar su postura sin más, y con tono celebrativo, preparándose para la gran fiesta final del día del recuento. En definitiva, no han querido conflicto: estaban seguros de sí mismos.

2. Los dos eslóganes más utilizadas han sido la palabra "amor" y los gritos de "igualdad". Otro ejemplo de campaña "universal" y "abierta". Nadie rechazará nunca esos dos conceptos. En cambio, "matrimonio gay", "derechos de los homosexuales", etc. no tendrían tanta aceptación. Busca siempre una palabra, una expresión, que nadie pueda rechazar. Es como empezar el partido con 3-0 a tu favor.

3. La normalidad como principio. En cualquier debate se penaliza el extremo, lo radical, lo diferente. Procura vestir todo con aire de normalidad. Una cita oportuna de Colm Toibín, autor de una novela emblemática en Irlanda sobre la liberación homosexual: "Hemos hecho ver lo normales que son nuestras aspiraciones. Lo que pedimos es que nuestro amor sea igual al de nuestros amigos heteros".

En definitiva, ¿quién se puede negar a algo tan normal como el amor -sea cual sea-, a la igualdad, a la inmensa connotación liberadora y positiva de un "sí"? Ante cualquier tema, si el debate se sitúa en estos términos, y con este frame, la postura contraria debe ser muy atractiva para poder vencer.

¿Quién puede negarse a llevar esta chapita en su chaqueta? 

Tres conclusiones

A. Hoy día las sociedades se transforman con rapidez, están de hecho en permanente cambio. Si no quieres sorpresas, conoce tus públicos, trabaja las encuestas, y sobre todo, no cierres nunca los ojos a la realidad. Sean Donelly, experto analista político irlandés: "Estoy ante una generación distinta; estamos ante un nuevo país".

B. Los partidos políticos tienen capacidad para gobernar a través del parlamento. Pero un referéndum es la voz de la gente, de la sociedad, de la calle. Escucha siempre la calle, no desprecies ningún movimiento, ninguna tendencia, por pequeña que parezca. Hoy todo se puede propagar por mil en pocas horas.

C. La capilaridad e influencia real de la Iglesia católica en Irlanda ha quedado en entredicho. El arzobispo de Dublín, Diarmiuid Martin, ha reconocido que Iglesia católica necesita una "cura de realidad". "Tenemos que reconectar con los jóvenes para (...) defender nuestros valores culturales". Nada mejor como saber donde uno está para poder llegar donde uno quiere...




10 de mayo de 2015

Los detalles en la comunicación

Hace unos días fui a unos grandes almacenes para comprar un cortador de césped manual. Experimenté dos tipos de dependientes: el que te quiere despachar en unos segundos, y el que te atiende incluso con gusto. El empleado bueno (digamos, por ejemplo, EB) y el malo (EM).

Son pequeños gestos, a veces casi imperceptibles, pero sumados todos generan una gran confianza, cercanía, interés. Resumo las sensaciones que saqué de esa tonta, pero reveladora, experiencia.


1. La cara, espejo del alma. Cierto. Las ganas o desganas se leían en la cara del EM a muchos metros de distancia. Intuyes que te va a atender mal, y aciertas. O al revés.

2. Preguntas, las justas. Si un dependiente no te pregunta nada o casi nada, implica que no se interesa demasiado por tus necesidades. Preguntar no cuesta nada, y acerca mucho, porque significa interés. Además, es obvio que cuanto más sepa realmente lo que quieres, más te ayudará en la decisión de compra.

3. Sensación de prisa. El EB estuvo atendiendo casi 15 minutos antes a una pareja. Me pareció demasiado, incluso. Cuando estuvo conmigo me di cuenta de su valía: se le notaba a gusto escuchando y hablando; sin prisa, sin consejos rápidos y expeditivos. En cambio, al EM no le pregunté algunas dudas: le veía inquieto, con ganas de irse, sin la pausa que requiere una atención excelente.

4. Consejos prácticos y personales. Cuando alguien te da unos consejos de más, siempre se agradecen. No me refiero a lo que pone en el manual de instrucciones, sino a tomar postura, a implicarse en la compra de uno u otro producto, en su experiencia personal, etc. Repito: se interesa.


5. Resolver, no vender. Lo importante es resolver tu problema, no vender. El EB te cuenta, explica, razona, aconseja, pero no ves una inclinación directa hacia la venta. Caerá como fruta madura, pero eres tú quien tendrás que agacharte si la quieres. Buena actitud.

6. Profesionalidad. Todo lo anterior hace referencia a la profesionalidad de los empleados; pero ahora me refiero a las evasivas del EM: "no le sabría decir", "tengo que mirar si queda ese producto", "no dispongo de ese dato", etc. Todo lo contrario del EB, más resuelto, más preparado. Y si tiene que preguntar o consultar, lo hace, se molesta.

7. Y sobre todo, interés. Ya lo he comentado, pero puede servir para cerrar este post. La atención al cliente es la relación de dos personas, y basta un interés real por parte del vendedor para que el cliente perdone el resto de carencias. Interés real, cercanía, la clave del éxito.

11 de abril de 2015

Cómo decidimos

Al final, es la pregunta clave: ¿cómo decidimos? ¿qué mecanismos tenemos para decidir, qué nos influye realmente? ¿Cuándo acudimos a la razón, y cuándo al sentimiento, a la intuición? 

Neuromarketing, un tema de moda. Empresas especializadas gastan cada vez más en estudios sobre qué ocurre exactamente en la cabeza de un consumidor, de un votante. Nielsen, por ejemplo, tiene una línea de investigación que utiliza un dispositivo no invasivo que mide la actividad de las ondas cerebrales y unos sensores de seguimiento ocular que observan el movimiento de las pupilas.

Jonah Lehrer es el autor de Cómo decidimos. Comparto algunas ideas suyas en los párrafos siguientes.

Razón vs Sentimientos

1. La razón es una eficaz herramienta cognitiva, pero es peligroso basarse exclusivamente en las reflexiones y deliberaciones. Cuando el cerebro racional secuestra la mente, los individuos suelen cometen errores al tomar decisiones.

2. La razón y el sentimiento tienen importantes puntos fuertes y débiles, y por tanto, diferentes situaciones requieren diferentes estrategias cognitivas. Cómo decidimos dependerá de qué estamos decidiendo.

El peligro del exceso de datos o de pensar demasiado

3. El “ahogamiento” es sólo un ejemplo gráfico de los estragos debidos, acaso, a pensar demasiado. Es un ejemplo de la racionalidad que sale mal, de lo que pasa cuando confiamos en las áreas cerebrales equivocadas. A los cantantes de ópera y a los jugadores de golf, estos procesos de pensamiento reflexivo les dificultan los movimientos de sus músculos, y entonces su propio cuerpo les traiciona.

4. El exceso de información no tiene por qué ayudar a decidir: a veces complica las cosas. Esto ocurrió en medicina con el tratamiento de dolor de espalda: se buscó su origen con resonancias magnéticas y esto llevó a ver infinitos problemas que no arreglaban “el problema”.

Lo barato es malo... por ser barato

5. Como esperamos que los artículos más baratos sean menos efectivos, estos en general son menos efectivos, aunque sean idénticos a los más caros. Por eso, la aspirina de marca registrada funciona mejor que la aspirina genérica.


Emociónate, por favor

6. Interiorizamos de forma natural los sentimientos de los demás. Una cara asustada se convierte en una visión que asusta. Para los psicópatas, en cambio, al tener dañada la amígdala cerebral (el área que transmite el miedo y la ansiedad), nunca se sienten mal cuando hacen sentir mal a otras personas. La agresividad no les pone nerviosos. El terror no es aterrador. Como decía Chesterton: “el loco no es el hombre que ha perdido la razón. El loco es el hombre que lo ha perdido todo menos la razón.”

7. El problema de las estadísticas es que no activan nuestras emociones morales. Las deprimentes cifras nos dejan fríos: nuestra mente no es capaz de comprender el sufrimiento a una escala tan grande.

Y sobre todo, usa la cabeza...

8. En el póquer lo más importante no es lo que contienen realmente las cartas, sino lo que la gente cree que contienen. Una mentira bien contada es tan efectiva (que no tan buena)  como la verdad.

21 de marzo de 2015

La mirada de un fotoperiodista

Natchwey, James Natchwey. Fotoperiodista de guerra, de hambrunas, de cualquier tipo de catástrofe. No es James Bond, pero podría haberlo sido. Un tipo duro, elegante, directo. Que ha visto de todo. Y todo es todo. Nachtwey es el fotógrafo social, de denuncia, por antonomasia.

El viernes 27 de marzo estará en Madrid, en un acto organizado por la Universidad de Navarra. Antes, en Pamplona, recoge un nuevo premio, uno más: no le deben caber en su casa.

Después de unas horas escuchando y leyendo al personaje –para la fama que tiene, no abundan las entrevistas-, aquí dejo 10 frases suyas* que pueden ayudar a entender el porqué de su trabajo.


1. Lo peor es que, como fotógrafo, me aprovecho de las desgracias ajenas. Esa idea me persigue todos los días, porque sé que si algún día mi carrera es más importante que mi compasión, habré vendido mi alma. La única manera de justificar mi papel es respetando a aquellos que sufren.

2. Hay un trabajo que hacer… y es contar la verdad a través de fotografías que lleguen a la gente de una manera impactante y elocuente.

3. La desgracia de nuestro tiempo es disponer de grandes medios, pero confundirnos en los objetivos.

4. Para mí, la fuerza de la fotografía está en su llamada a la humanidad. Si la guerra niega la humanidad, la fotografía podría concebirse como algo opuesto a la guerra. Es un ingrediente muy potente en el antídoto contra la guerra.

5. Mi fe en la humanidad se fundamenta en lo que he visto. Mi inspiración se apoya en la gente con la que me encuentro en cada lugar.


James Natchwey en su querido Nueva York. Esta foto, claramente, no es suya.

6. No me gusta hacer fotos genéricas. No busco imágenes que no tengan un impacto emocional o moral. Quiero crear un fuerte sentido de identificación.

7. Tengo que asumir mis emociones y saber canalizarlas en el trabajo. Espero que, al final, expresen compasión.

8. Mi primer objetivo es aparecer en los grandes medios de comunicación durante el tiempo que dura el conflicto, con el fin de crear conciencia y generar opinión pública, y así formar un ambiente en el que el cambio sea posible.

9. La belleza es inherente a la vida, y a veces también a la tragedia. Es algo que percibo. No creo que en mis fotos la belleza supere a la tragedia: a veces la envuelve y la hace más conmovedora y accesible. La paradoja de la coexistencia entre belleza y tragedia ha estado presente siempre en el arte y literatura. La belleza de una ‘piedad’ está en el lenguaje corporal, en la conexión entre la madre y el hijo.

10. Estoy medio sordo. Tengo un nervio dañado y un constante pitido en mis oídos; a veces apenas puedo oír. Es probable que la causa sea que nunca quise usar tapones, porque quería oír (la guerra).

*He tenido que traducir del inglés alguna cita. Por tanto, el sentido no es literal en todo los casos.

8 de marzo de 2015

Cuando las calles hablan

El mundo del grafiti siempre me ha fascinado. O mejor dicho, lo que realmente me gusta son las frases escritas en las paredes, no tanto la firma grafitera con burbujas y bordes dorados. Muchas veces son palabras llenas de poesía, de ingenio, de desesperación. Pero hay algo que las convierte en mágicas: a veces es el tipo de letra, la disposición en la pared, o simplemente el lugar escogido.

Aquí expongo algunas que me han parecido interesantes por distintos motivos. Espero que las disfrutes, o al menos te sirvan para pasar el rato...

1. La contradicción. Además de la fuerza en sí que tiene esta frase, me quedo con el color verde y la mezcla de mayúsculas y minúsculas, y la ruina del solar y de la propia pared. El odio, desde luego, conduce a la verdadera ruina.


2. El enigma. Aquí me gusta el halo de misterio. ¿Quién y por qué lo escribió? La imagen posterior, muy acertada, completa la primera. Se ve que alguien quiso matizar ese optimismo con una razón de peso. El tipo de letra, en el caso de la primera imagen, es realmente atractivo. La enredadera y la suciedad general, también.





3. La reivindicación. Un clásico en los muros de todo el mundo. Es, digamos, la otra función de las paredes. Paz y pan, excelente binomio. En la otra imagen, la mujer perfecta es la que lucha, leemos y asentimos. Lástima que sólo duró unos pocos días esta frase: los servicios de limpieza, ¿hombres?, actuaron rápido.




4. La desesperación. "Tocar fondo" es contundente; no hay más que decir. Punto y final. Incluso la letra y el trazo sugieren la incapacidad incluso para escribir la frase con fuerza, contundencia. No: esa persona quiso escribir "tocar fondo" mientras estaba tocando fondo. Creíble.



5. El profesional. No simpatizo con el grafitero profesional, como el de la imagen de abajo. Me lo imagino ideando sentencias en su casa, delante del ordenador, eligiendo una sans serif para un determinado soporte. Lo artificial no atrae. La frase "Grow in Naples" es buena por su concisión y la fuerza que transmite; pero al ser un sello, se veía en cada calle napolitana. Perdía interés cada vez que la leías.




6. El listillo. Lo catalogamos así, para no ahondar. Dejo dos ejemplos realmente ilustrativos. Realmente hay muchos universitarios que podríamos denominar unibersitarios. En cuanto al inglés del "kiss my",  por lo menos lo intentó... ¡Así se aprende el idioma, lanzándose al agua!









7. El poeta. Son versos, o simplemente ideas sueltas, que el autor regala a los viandantes. Para mi gusto, es preciso que no estén demasiado preparadas, que den la impresión de que al artista se le ha ocurrido un poco sobre la marcha, según pasaba por ahí.




26 de enero de 2015

Despacito y buena letra

Inmediatez. Abundancia. Big data. Redes sociales. Portabilidad. El menú perfecto para un déficit de atención creciente y un atolondramiento mayúsculo si no se combina con otros productos.

Hace unos años apareció el movimiento slow, que defendía la lentitud, como requisito necesario para el disfrute de la vida en cualquiera de sus actividades. Al principio, nació como Slow Food en contraposición a Fast Food. Ahora se aplica a muchos ámbitos.


En el mundo del periodismo y la comunicación, también se advierte esa tendencia, con ejemplos cada vez más numerosos. Es una reacción lógica a la llamada infoxicación. Gracias a los "slow media" nos encontramos con productos de más calidad, en contenido y en redacción, más análisis y profundidad. Pero... ¿triunfarán en la era digital?

Aquí te dejo varios casos:


1. The Economist. Hace unos años creo una sección denominada "Lean Back" (reclinarse hacia atrás, 'ponerse cómodo' para leer) para lectores que solicitaban una lectura tranquila, a fondo.

2. Hace poco, Jill Abramson, ex directora del NYT, avanzó su próximo desafío. También en esta línea: reportajes a fondo, largos, excepcionalmente documentados. Tan es así, que se habla de 100.000 dólares al autor de cada reportaje, para que disponga de todos los medios.

3. En España, han surgido varios medios con esta filosofía. Yorokobu, publicación con historias de todo tipo. Su eslogan es directo: "Take a walk on the slow side".

4. La revista Panenka, con otra frase que la define: "El fútbol que se lee". Artículos largos, relatos cuidados, estilo elegante. Poco después, su competencia sigue esta misma línea: el caso de Líbero.

5. Uno de los primeros en asomarse a esta nueva corriente fue Jot Down, revista digital y en papel, con un abanico de temas enorme. Quizá su sección más cuidada es la de entrevistas. A fondo, larguísimas. No las he impreso nunca, pero no deben bajar de 30 páginas.



11 de enero de 2015

Optimismo hasta en el café

De vuelta del trabajo, me fijo en una nueva cafetería en mi barrio. Se vende como la "cafetería optimista". Sorpresa. Releo. Sí, no me he equivocado. Sonrío y me quedo perplejo. ¿Qué tendrá que ver la cafetería con el optimismo?

Ser optimista es fundamental. Y hoy en día más necesario que nunca. Una actitud contraria, que siempre ve dificultades, que se centra en lo negativo, no la queremos ni para nuestro mayor enemigo.

Comunicar optimismo es básico en cualquier relación humana, y por tanto, también en el trabajo. Un reto permanente en Comunicación Interna es precisamente transmitir buen clima laboral, ambiente positivo.

Sé optimista, no soñador.

Ahora bien, la exageración del concepto puede llegar a convertir el optimismo en algo ridículo. Desde la cafetería optimista, al instituto de la felicidad -que existe-, o al afán de convertir el mundo en color rosa, y solo rosa. Se puede llegar al extremo de pensar que se puede comprar el optimismo y la felicidad.

Otro ejemplo: he visto que existe una liga de los optimistas. Le deseo todo el éxito del mundo, pero por favor, no nos aprovechemos del personal.

La emotividad, el sentimentalismo, el 'donde el corazón te lleve', está a la orden del día. Pero sin exageraciones ni simplezas. El optimismo se trabaja, tiene un fundamento, requiere convicciones: no se compra con un café, aunque la crema o la nata tenga forma de corazoncito.


(Prometo no faltar a mi cita semanal: disculpa el vacío de este último mes. Muy feliz y optimista 2015).