30 de agosto de 2015

Aquellos burros zamoranos

Último día de agosto. Se acabó lo que se daba. Vuelta al trabajo, vuelta al blog. Y nada mejor que comenzar con el recuerdo de alguien querido, que hace seis días se fue al cielo: Angel García Moreno, periodista, padre de cinco hijos, excelente persona. Aquí puedes leer un obituario publicado en el diario Abc al día siguiente, firmado por su amigo Luis Mirón.

Mi pequeño homenaje lo resumo en tres palabras, que marcaron mi relación con él.

Narrador excepcional. Ángel era un gran contador, un 'cuentista' de primera. Recuerdo como si fuera ayer dos o tres veladas nocturnas alrededor de un fuego, en su pequeña casa de campo -con burros zamoranos- cerca de Madrid. Eran historias, historietas quizá, que transmitía con toda pasión, con afán de que tú mismo sacaras una consecuencia, una enseñanza para tu vida. Escucharle era olvidarte de todo, de tu reloj, de las prisas, de la vida. Mirarle y disfrutar. En estos años en que palabras como "relato", "storytelling", "historias", están en todos los debates sobre lo que debe ser el periodismo, Angel las dominaba a la perfección.

Pasión, segunda palabra. Arrastre, convicción, energía. Así vivió siempre. Sin avasallar, sin herir. Angel se dejaba el alma en cada conversación, en cada momento con sus amigos. Mi recuerdo es así de tajante, no exagero: cada vez que hablé con él notaba que estaba ante un hombre que se volcaba, que ponía el máximo interés en su interlocutor. Y esto es impagable e imborrable.

Alegría, tercera nota. No puedo contar pormenores de su enfermedad, porque en primer lugar los desconozco. Pero me consta que fue un proceso largo, cuatro años, y con momentos muy dolorosos. Pero si conservo de él que no advertí ni un milímetro de queja, ni un segundo de tristeza en su rostro. 

Gracias, Ángel. Te fuiste pronto, pero nos ganaste a todos. Una vida útil, profunda. Ahora, desde arriba, sigue susurrando historietas a los oídos de tu mujer y tus hijos. Nos vemos. ¡Y cuida también de esos burros zamoranos!

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