11 de septiembre de 2015

Si rectificas, rectificas

La vida está llena de aciertos y errores. Quizá cada vez son más frecuentes estos últimos, bien por la rapidez de la comunicación, las redes sociales, lo que sea.

Me llama la atención, sobre todo en estas últimas semanas, algunos ejemplos de rectificaciones a medio gas, poco creíbles, un "porque hay que hacerla", en las que no adviertes una verdadera rectificación, y por lo tanto un arrepentimiento.

No se puede borrar y no dejar huella...

En estos tiempos de lo políticamente correcto, el cuidado a veces excesivo por la imagen pública, y el deseo de agradar siempre a todos y en cualquier parte, llevan a peticiones de perdón o disculpas demasiado ambiguas, poco claras. Nada creíbles.

Algunos ejemplos:

1. Gerard Piqué, futbolista. Insulta a un árbitro, consta en acta, y al día siguiente declara en su cuenta de twitter que "la actitud con la que protesté no fue correcta" pero "sin embargo, en ningún momento empleé ningún tipo de insulto". Realmente, un triple salto mortal...

2. Petra Laszlo, periodista húngara. Se convirtió en viral el video de sus zancadillas a emigrantes en la frontera de Hungría con Serbia. Aunque en mi opinión se ha llevado el asunto a un extremo, con amenazas de muerte incluidas, su rectificación llega un poco tarde y podría haber sido más clara: añade muchos datos, circunstancias, incluso se disculpa, pero no se percibe una rectificación a la medida de la difusión del video.

Son solo dos ejemplos recientes. Pero abundan las semi rectificaciones que no convencen.

Un ejemplo contrario fue el del Rey Juan Carlos, después de la caza de elefantes en Botswana. A la salida del hospital, declaró un escueto: "Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir". ¿Por qué es tan buena esta disculpa?

3 elementos, a mi juicio, de una buena rectificación:

  1. Rapidez. Hoy día 24 horas es una eternidad. Si realmente queremos rectificar, lo mejor es hacerlo enseguida, en cuanto tenemos los datos claros del error cometido y la trascendencia de nuestros actos.
  2. Brevedad. La palabra "perdón" tiene cinco letras. Pocas más bastan.
  3. Enfoque. No incluir explicaciones, circunstancias, contexto. Quizá un ligero matiz, si es necesario. Pero el foco, todo el esfuerzo, debe estar en la rectificación, no en la explicación del caso.
En definitiva, admitir un error -si ha sido un error- no permite salir indemne. Es preciso agachar la cabeza y pedir perdón con todas las consecuencias. 

Y por favor, por favor, si rectificas nunca digas el conocido "por si alguno se ha sentido ofendido", cuando es evidente que hay gente ofendida.