4 de diciembre de 2016

Lo que prefieras

Posiblemente, es la frase más hermosa del mundo. "Lo que prefieras", así, tal cual, es toda una declaración revolucionaria en los tiempos que vivimos, donde uno puede elegir absolutamente todo lo que desea, y el mercado nos los sirve en bandeja de plata: una oferta ilimitada y la atención cada vez más exquisita al cliente nos han convertido en unos perfectos señoritos.

Y en medio de todo, "lo que prefieras". Tres palabras que existen, reales, y que a veces se escuchan. Hace poco lo comprobé con un amigo en una salida de fin de semana. Cualquier elección -comprar este pan o aquel otro, elegir un itinerario entre varias opciones, parar aquí o allá- era para él una invitación a que hiciera lo que yo quisiera.

La vida, la verdadera vida, es lo que ocurre por dentro. Las verdaderas alegrías no llegan desde el Caribe, de un buen partido de fútbol o de una inigualable cena en El Bulli. Lo que llena, lo que realmente merece la pena vivir, son esas pequeñas atenciones que damos y recibimos. Eso es lo que comprobé ese fin de semana: lo de menos era el lugar, el viaje, el entretenimiento. Lo mejor, una compañía que hacía todo lo posible para olvidarse de sí misma.

"Lo que prefieras". Una frase para enmarcar. O mejor, para vivir.


20 de noviembre de 2016

Contra la transparencia

A todos nos gusta la transparencia, especialmente la de los demás. Es un concepto atractivo porque va de la mano de otros atributos, tan sugerentes como el primero: honestidad, ejemplaridad, naturalidad, etc. Y además, embelesa porque no admite matices: se es o no se es transparente; no podemos ser transparentes al 20 o al 80 por ciento. Todo o nada.

No hay simposio, jornadas, conferencias sobre comunicación, en que esta palabra no sea citada, y en muchos casos, esté incluida en el título o sea el tema principal de un evento.

Es evidente que se ha avanzado mucho estos años en la gestión de organismos públicos y privados. La ley de 2013 y el portal de transparencia del Gobierno son pequeños pasos realmente imprescindibles. Pero el camino por recorrer es inmenso. Como explica la periodista Berta G. de Vega, "transparencia radical sería saber la mortalidad de cada servicio de un hospital", por ejemplo.

Una distinción importante: la transparencia de lo público es más que evidente, ya que está al servicio de todos y se sostiene con nuestros impuestos. La gestión pública está cada vez más examinada, controlada, y realmente cualquier herramienta que impida la corrupción es bienvenida. 

En el ámbito privado, no es tan clara la exigencia de una transparencia absoluta. De aquí, el título polémico del post. Para empezar, algunas preguntas: ¿entendemos todos lo mismo por transparencia?, ¿un dircom debe impulsar el conocimiento real, malas noticias incluidas, de su institución? ¿cómo conjugar la cacareada transparencia con estrategias, tácticas, planes de comunicación?

Una buena comunicación es aquella que muestra el bien que realiza la empresa a la sociedad, que escucha y dialoga con sus públicos, y que en momentos de crisis no se esconde ni se justifica. Que actúa con rapidez, que otorga los datos razonables antes incluso de que se les pida, y que siempre está dispuesta a contestar todas las preguntas, aunque a veces no se deba responder absolutamente todo: por prudencia, por el bien de terceros, por pudor, o por otras mil razones. 

En fin, ¿transparencia? Claro, pero con matices, sin que se nos llene la boca.


21 de septiembre de 2016

El tono de la seducción

El eterno debate. La forma y el fondo, el tono y el contenido. En política de un modo especial, pero tambien en la vida, todo importa: lo que dices y cómo lo dices, incluso lo que no dices.

Errejón lanzó un tuit esta semana que fue respondido rápidamente por Iglesias.
 Echenique no perdió su oportunidad, y dejó otro mensaje interesante:
“La política”, señala Pablo Iglesias, “es otra cosa, que no tiene que ver con camisas, ni con si sudas o no sudas ni con el tono. La política tiene que ver con elegir con quién estás, porque no se puede estar con todos a la vez”.

El lenguaje político, el marketing electoral y el juego de mensajes, son cada vez más emotivos y precocinados. Cada gesto, palabra, corbata, peinado, es medido por un equipo de asesores, expertos en comunicación, que valoran, comparan y analizan. Se acartona el conjunto, se mata la naturalidad. Tanto atrezzo impide ver al personaje y su mensaje real.

Es cierto que cada vez el tono es más importante, y además la sociedad no suele aceptar mensajes radicales, directos, políticamente incorrectos. Pero ya hay grietas en el sistema: Trump, Iglesias, Le Pen, Grillo, y un largo etcétera. El tono es compatible con la defensa de un principio, no implica el rebajamiento de una propuesta.

La verdadera seducción en política, en la cultura, en el mundo de las ideas en definitiva, deberá poner el acento en un contenido bien elaborado, argumentado, con razones de peso. Además, si se puede -normalmente sí- aderezado con una bella presentación. Pero no lo olvidemos: el contenido es, y será siempre, el rey.

25 de julio de 2016

Conmigo o contra mí

Estamos en la era de la controversia, del dilema, del conflicto. La retórica aquí es clave, y bien lo saben los actores protagonistas. No todo, pero casi todo se puede cambiar con el lenguaje. Es una batalla dura, larga, pero quien venza habrá ganado seguramente la guerra.

Todo es blanco o negro, se buscan los extremos. Si no estás conmigo estás contra mí. Algunos ejemplos que nos encontramos hoy en el discurso público:

- Machista / Feminista
- Conservador / Progresista
- Nacionalista / Centralista
- Homófobo / A favor de los gais

La lista es muy amplia. El peligro de las dicotomías es que se vuelven incontestables porque no se utiliza la vía argumentativa, ya que no haya razonamiento posible. 

Nos encontramos con dos alternativas, cada una de ellas, por ser extrema, tiene una fuerte carga emotiva: o te sumas o la rechazas. Y si la rechazas, inmediatamente eres etiquetado en el bando contrario. Los bandos, las etiquetas: aquí radica la fuerza de la simplificación... y del error, de la manipulación.

La vida es otra cosa, creo yo. Tiene matices, grados, sombras. Y sobre todo, es el momento de subrayar la libertad de expresión, tan cacareada pero cada vez menos tolerada, si reducimos la realidad a bandos enfrentados.

14 de julio de 2016

No es tiempo de consejos

No está de moda dar consejos. Hace unos días, al final de una del etapa del Camino de Santiago, me reafirmé en esta idea. Un hecho simple: pregunté a un buen hombre, un lugareño, a la entrada ya de la ciudad, qué camino era mejor para llegar a la catedral, pues el itinerario marcaba dos alternativas. "Yo no doy consejos, porque igual luego me equivoco".

Es un suceso tonto, que además, si tenemos en cuenta al paisano gallego y el galleguismo en general, no tiene más importancia. Pero me hizo pensar esta respuesta, pues es la que predomina, de fondo, en muchos de nosotros.

Un consejo siempre es bueno, aunque sea equivocado

Nos cuesta mucho aconsejar, incluso en temas pequeños, que no tienen apenas importancia. En el fondo, pensamos: ¿Quién soy yo para dar consejos? ¿Quién soy yo para decir lo que está bien o lo que está mal? Y si los doy, ¿seré el responsable del mal que pueda venir después?

Es preciso distinguir la libertad del otro, el respeto por la opinión ajena, la comprensión hacia las ideas de los demás, con el oportuno consejo. La vida está llena de decisiones, de riesgos. Aconsejar es algo bueno en sí mismo. Precisamente se trata de consejos, de orientaciones, que pueden seguirse o no. Decidir por otro, no; pero no aconsejar por miedo a errar es de cobardes. Es más, es una actitud hasta poco humana.

¿Mi consejo? Aconseja siempre que puedas. No te calles por comodidad o miedo.

10 de julio de 2016

Es la atención, estúpido

Me sorprendió el comentario de un amigo: "Lo mejor de la semana en Nueva York ha sido la visita a la empresa (no recuerdo el nombre, es lo de menos): nos atendió una persona increíble". Punto.

Unas líneas de contexto. Mi amigo está cursando un máster en temas de comunicación que incluye una semana intensiva en Estados Unidos. Visitan periódicos, televisiones, agencias. Reciben clases y conferencias de gurús del periodismo. Quiero decir que no fueron unos días comiendo hamburguesas y comprando en la Quinta Avenida.

Y mi sorpresa fue precisamente que mi amigo estuviera encantado de la atención que les había prestado una persona. La empresa no importaba, o era en cualquier caso algo secundario; daba igual que fuera la CNN, Bloomberg o The New York Times. Para él, lo decisivo de esos días, lo que se le quedó grabado en su mente, fue el esmero, la dedicación, la cordialidad de un profesional que hizo bien su trabajo. En este caso, habría que decir, que hizo bien su "no" trabajo: el esfuerzo por transmitir sus conocimientos a un grupo de invitados.

El poder de una buena atención al cliente (en sentido amplio: alumno de máster, en este caso) es casi infinito.

O dicho de otro modo, el poder de las personas es muy superior al de las organizaciones.

16 de mayo de 2016

Amor radiactivo

"Voces de Chernobyl", de Svetlana Aleksievich, reciente Nobel de Literatura, es un libro documental que muestra la historia vista por gente normal que pasaba por allí, fue allí, o estaba allí. Es un libro-fotografía, una colección de monólogos con protagonistas anónimos de la catástrofe. La vida y la muerte contada quienes la vieron muy de cerca.

A través de largas conversaciones, la autora va recorriendo las diferentes vidas en torno a la mayor catástrofe no natural de la historia de la humanidad. Cada uno cuenta su trabajo durante los días, o semanas, posteriores a la catástrofe: profesores, médicos, ingenieros, soldados, etc.

Realmente, según avanza el libro, uno se pregunta: ¿qué ocurrrió realmente? ¿quién tuvo la culpa? ¿qué plan llevó a cabo el gobierno de la Unión Soviética? ¿Cuáles fueron las primeras reacciones de Gorbachov? No hay respuestas. O mejor dicho, lo mejor de este libro es que omite precisamente los datos ya sabidos, los análisis, las causas. Aleksievich busca el testimonio cercano, el diálogo con los habitantes de Pripyat -la ciudad de 50.000 habitantes creada de la nada para los trabajadores de la central nuclear- el dato pequeño, demoledor, de una madre de familia...

En mi opinión, lo mejor de este gran libro es el primer capítulo: el relato de Liudmila, la mujer de un bombero, de los primeros que fueron a la central a sofocar el incendio. Junto con sus compañeros, recibe altísimos niveles de radiación. Son trasladados a un hospital de Moscú. Todos mueren en el plazo de dos o tres semanas. La mujer cuenta los angustiosos días que pasa en Moscú con su marido, convertido en un mini reactor nuclear. Todos la desaconsejan estar con él: ella aguanta, espera, ama. De las mejores historias de amor. Embarazada de casi siete meses. Dos héroes, él y ella. Así acaba ese capítulo, en palabras de Liudmila: "La gente no quiere oír hablar de la muerte, de los horrores. Pero yo le he hablado del amor... De cómo he amado". Porque al final, morir de amor no es morir.

Un gran libro con grandes historias. Las tragedias siempre esconden mayores heroicidades.




3 de abril de 2016

Atrapado en tus propias redes

Hace unos días vi una sencilla imagen con texto que decía: "Offline is the new luxury", el mundo offline es el nuevo lujo, o el paraíso, para entendernos. Cada vez son más las voces que piden, reclaman, sugieren una desconexión del mundo virtual para poder conectar con lo cercano, lo físico, lo "natural".

Por si te ayudan, te dejo algunas "alarmas" que, por experiencia propia, pueden servir para detectar cuando el uso de internet, en todas sus variantes, está llenando demasiado nuestra vida.

1. Dificultad para mantener la atención, concentración, en actividades que requieren algo de esfuerzo mental, aunque sean pequeño: por ej., leer una novela, estudiar un idioma, etc. 

2. Tener la permanente necesidad de compartir (con un tuit, un mensaje de whatsapp, un post en tu muro de Facebook, etc.) cualquier cosa que te parezca interesantísima: una foto, un expresión, una cita (incluso piensas que eres el primero en descubrirla).

3. Arma de distracción masiva. Buscar algo en la red y, antes de llegar a lo que buscas, sorprenderte al leer o ver algo porque "pasaba por ahí", pero que no era mi objetivo inicial. Dedicar, en general, el doble o triple de tiempo a búsquedas en el navegador. Ir "a tiro hecho", piensas, es una expresión propia del mundo analógico, no digital.

4. Pensar demasiado en tu imagen, en tus palabras, en tu comunicación, en tu perfil. ¿Cómo ser más original, divertido, interesante? ¿Cómo conseguir un estilo propio? 

5. No sin mi móvil. En situaciones de no saber qué hacer, cuando estás con otras personas, eres más rápido en sacar el móvil que Clint Eastwood en desenfundar su Colt. ¿Te aburres en cuanto pasa un minuto, sí, un maldito minuto, sin hacer nada?

6. Y por la noche, justo antes de acostarte, sentir la imperiosa necesidad de repasar el timeline de tus redes sociales. Además, a esta sencilla y rápida tarea, en vez de dedicarles cinco minutos, al final suele ser al menos media hora. Duermes maldiciendo las redes sociales.


5 de febrero de 2016

El curioso caso del escritor humilde

Mi querido lector (es decir, yo mismo), reconozco que es la primera vez en mi vida que escribo sobre la muerte. Un difunto reciente, de ayer mismo, a los 62 años, por un infarto fulminante. No puedo no hacerlo, después de trabajar con él veinte años. ¡Va por ti, José Miguel! 

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Siempre entrañable, siempre alegre. No le recuerdo un mal gesto, un enfado, un mueca de acritud ni de rencor. Así era José Miguel Cejas. Un gran conversador, que además decía cosas interesantes, certeras. Pero sobre todo escuchaba, valoraba, te tomaba en serio, y pedía consejo. Ese tipo de gente a la que se puede preguntar y plantear de todo, porque tiene un magnetismo, una credibilidad ganada a pulso.

Otra nota que le distinguió: su apertura, el deseo de entender y hacerse entender, su contacto permanente con gente joven, para saber adaptar su estilo, su mensaje, a todo tipo de públicos. En fin, un afán desmesurado por empatizar con cualquiera: de derecha, de izquierda, pobre o rico, niño o anciano. Cuántas veces preguntaba: ¿esto lo entiende bien un chico de 18 años? ¿esta expresión se sigue usando?, o frases similares.

José Miguel estaba bien en cualquier sitio, porque el lugar era lo de menos: le importaba la gente; viajó por medio mundo, con ocasión de sus biografías y novelas, y de actividades de voluntariado, de solidaridad: Guatemala, México, Polonia,... Su pasión, encerrada en cada párrafo de sus libros, fue ayudar a los demás, acercarles a la verdad, a Dios en definitiva. 

Escribió mucho. Los que de verdad le conocen señalan que tenía el don de escribir bien y muy rápido. Era un artista con la palabra, pero también con el pincel: lo que realmente le gustaba era el dibujo. Sus bocetos de portadas de libros u otros publicaciones estaban muy logrados. Pese a ese genio innato, no tenía un solo gramo de egolatría, muy común en este tipo de genios. Cero. Nunca le oí hablar de ventas de libros, de cuántas ediciones llevaba éste título o aquel, de si me había gustado su reciente biografía. Cero. Creo que no le importaba absolutamente nada. Un detalle tonto, pero revelador: hoy mismo, horas después de su muerte, me he acercado a su despacho: decenas y decenas de libros…, pero ninguno suyo.

Como buen artista, era despistado. Mucho. Le decía que era más fácil localizar al presidente de los Estados Unidos que a él; aunque tenía móvil, con frecuencia se lo dejaba en otro sitio, lo perdía, se le quedaba sin batería, etc. ¡La de bolígrafos que me habrá perdido, por usarlo un momento y luego no saber qué había hecho con él! Era así. Y así le queríamos. 


Acabo. Hace poco me dejó el guion para la presentación de su último libro, publicado el 1 de febrero, que tendrá lugar dentro de unas semanas.  El título de la obra podría ser una metáfora de su vida: “Cálido viento del norte”. Así fue él -aunque del sur, de Córdoba-; apacible, cálido con todos, sin rastro de indiferencia hacia nadie. Un fenómeno. Un fenómeno entrañable.

10 de enero de 2016

Tendencias desde Silicon Valley

Tuve la suerte de conocer y escuchar hace unos días a Rosa Jiménez, corresponsal de El País en Silicon Valley. Fue un encuentro informal, tipo desayuno informativo, en el que nos contó las novedades y el futuro del enclave más tech del mundo.

Aviso a navegantes: podemos estar en la antesala de una nueva crisis de la burbuja de internet. Las start up cada vez son más 'start' y menos 'up'. Las búsquedas de los unicornios -así se denominan los compañías valoradas en más de 1.000 millones de dólares- es más difícil, y además San Francisco es un lugar cada vez más caro para vivir.

Redes sociales. Su diagnóstico sobre Twitter y Facebook fue muy claro. La empresa del pajarito tiene muchas grietas. Acaba de despedir al 30% de su plantilla; no sabe cómo crecer. Tiene dudas en si centrarse en el "qué estas haciendo" o en que "qué está pasando". Sus usuarios y contenido es cada vez más informativo y periodístico. Google les podría comprar. Veremos. Además, se le echa en cara la poca diversidad de su equipo: casi todos son blancos de alto nivel adquisitivo.

Facebook es la otra cara de la moneda. Tiene una estrategia clara, sigue creciendo, y hay un plan a largo plazo. Zuckerberg, además, se está asesorando mejor y su imagen ha mejorado en los últimos meses: le ha favorecido su fundación, su propia boda, el interés hacia temas culturales, etc.

Rosa Jiménez no dudó a la hora de elegir el tema estrella de los próximos meses: la realidad virtual. Facebook y Google están invirtiendo muchos recursos; en el caso de Google, la apuesta es más sencilla, pero al mismo tiempo más universal.

Dos últimos apuntes:
1. Ciudades tech del futuro, que podrían sustituir, o al menos competir, con San Francisco: Austin (TX), Seattle (WA) y Boulder (CO).
2. Si quieres estar a la última en novedades de tecnología del Valle del Silicio, sigue esta web: www.techcrunch.com

Y gracias, Rosa, por tu conversación tan interesante y noticias de primerísima mano.