25 de julio de 2016

Conmigo o contra mí

Estamos en la era de la controversia, del dilema, del conflicto. La retórica aquí es clave, y bien lo saben los actores protagonistas. No todo, pero casi todo se puede cambiar con el lenguaje. Es una batalla dura, larga, pero quien venza habrá ganado seguramente la guerra.

Todo es blanco o negro, se buscan los extremos. Si no estás conmigo estás contra mí. Algunos ejemplos que nos encontramos hoy en el discurso público:

- Machista / Feminista
- Conservador / Progresista
- Nacionalista / Centralista
- Homófobo / A favor de los gais

La lista es muy amplia. El peligro de las dicotomías es que se vuelven incontestables porque no se utiliza la vía argumentativa, ya que no haya razonamiento posible. 

Nos encontramos con dos alternativas, cada una de ellas, por ser extrema, tiene una fuerte carga emotiva: o te sumas o la rechazas. Y si la rechazas, inmediatamente eres etiquetado en el bando contrario. Los bandos, las etiquetas: aquí radica la fuerza de la simplificación... y del error, de la manipulación.

La vida es otra cosa, creo yo. Tiene matices, grados, sombras. Y sobre todo, es el momento de subrayar la libertad de expresión, tan cacareada pero cada vez menos tolerada, si reducimos la realidad a bandos enfrentados.

14 de julio de 2016

No es tiempo de consejos

No está de moda dar consejos. Hace unos días, al final de una del etapa del Camino de Santiago, me reafirmé en esta idea. Un hecho simple: pregunté a un buen hombre, un lugareño, a la entrada ya de la ciudad, qué camino era mejor para llegar a la catedral, pues el itinerario marcaba dos alternativas. "Yo no doy consejos, porque igual luego me equivoco".

Es un suceso tonto, que además, si tenemos en cuenta al paisano gallego y el galleguismo en general, no tiene más importancia. Pero me hizo pensar esta respuesta, pues es la que predomina, de fondo, en muchos de nosotros.

Un consejo siempre es bueno, aunque sea equivocado

Nos cuesta mucho aconsejar, incluso en temas pequeños, que no tienen apenas importancia. En el fondo, pensamos: ¿Quién soy yo para dar consejos? ¿Quién soy yo para decir lo que está bien o lo que está mal? Y si los doy, ¿seré el responsable del mal que pueda venir después?

Es preciso distinguir la libertad del otro, el respeto por la opinión ajena, la comprensión hacia las ideas de los demás, con el oportuno consejo. La vida está llena de decisiones, de riesgos. Aconsejar es algo bueno en sí mismo. Precisamente se trata de consejos, de orientaciones, que pueden seguirse o no. Decidir por otro, no; pero no aconsejar por miedo a errar es de cobardes. Es más, es una actitud hasta poco humana.

¿Mi consejo? Aconseja siempre que puedas. No te calles por comodidad o miedo.

10 de julio de 2016

Es la atención, estúpido

Me sorprendió el comentario de un amigo: "Lo mejor de la semana en Nueva York ha sido la visita a la empresa (no recuerdo el nombre, es lo de menos): nos atendió una persona increíble". Punto.

Unas líneas de contexto. Mi amigo está cursando un máster en temas de comunicación que incluye una semana intensiva en Estados Unidos. Visitan periódicos, televisiones, agencias. Reciben clases y conferencias de gurús del periodismo. Quiero decir que no fueron unos días comiendo hamburguesas y comprando en la Quinta Avenida.

Y mi sorpresa fue precisamente que mi amigo estuviera encantado de la atención que les había prestado una persona. La empresa no importaba, o era en cualquier caso algo secundario; daba igual que fuera la CNN, Bloomberg o The New York Times. Para él, lo decisivo de esos días, lo que se le quedó grabado en su mente, fue el esmero, la dedicación, la cordialidad de un profesional que hizo bien su trabajo. En este caso, habría que decir, que hizo bien su "no" trabajo: el esfuerzo por transmitir sus conocimientos a un grupo de invitados.

El poder de una buena atención al cliente (en sentido amplio: alumno de máster, en este caso) es casi infinito.

O dicho de otro modo, el poder de las personas es muy superior al de las organizaciones.