14 de julio de 2016

No es tiempo de consejos

No está de moda dar consejos. Hace unos días, al final de una del etapa del Camino de Santiago, me reafirmé en esta idea. Un hecho simple: pregunté a un buen hombre, un lugareño, a la entrada ya de la ciudad, qué camino era mejor para llegar a la catedral, pues el itinerario marcaba dos alternativas. "Yo no doy consejos, porque igual luego me equivoco".

Es un suceso tonto, que además, si tenemos en cuenta al paisano gallego y el galleguismo en general, no tiene más importancia. Pero me hizo pensar esta respuesta, pues es la que predomina, de fondo, en muchos de nosotros.

Un consejo siempre es bueno, aunque sea equivocado

Nos cuesta mucho aconsejar, incluso en temas pequeños, que no tienen apenas importancia. En el fondo, pensamos: ¿Quién soy yo para dar consejos? ¿Quién soy yo para decir lo que está bien o lo que está mal? Y si los doy, ¿seré el responsable del mal que pueda venir después?

Es preciso distinguir la libertad del otro, el respeto por la opinión ajena, la comprensión hacia las ideas de los demás, con el oportuno consejo. La vida está llena de decisiones, de riesgos. Aconsejar es algo bueno en sí mismo. Precisamente se trata de consejos, de orientaciones, que pueden seguirse o no. Decidir por otro, no; pero no aconsejar por miedo a errar es de cobardes. Es más, es una actitud hasta poco humana.

¿Mi consejo? Aconseja siempre que puedas. No te calles por comodidad o miedo.

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