21 de septiembre de 2016

El tono de la seducción

El eterno debate. La forma y el fondo, el tono y el contenido. En política de un modo especial, pero tambien en la vida, todo importa: lo que dices y cómo lo dices, incluso lo que no dices.

Errejón lanzó un tuit esta semana que fue respondido rápidamente por Iglesias.
 Echenique no perdió su oportunidad, y dejó otro mensaje interesante:
“La política”, señala Pablo Iglesias, “es otra cosa, que no tiene que ver con camisas, ni con si sudas o no sudas ni con el tono. La política tiene que ver con elegir con quién estás, porque no se puede estar con todos a la vez”.

El lenguaje político, el marketing electoral y el juego de mensajes, son cada vez más emotivos y precocinados. Cada gesto, palabra, corbata, peinado, es medido por un equipo de asesores, expertos en comunicación, que valoran, comparan y analizan. Se acartona el conjunto, se mata la naturalidad. Tanto atrezzo impide ver al personaje y su mensaje real.

Es cierto que cada vez el tono es más importante, y además la sociedad no suele aceptar mensajes radicales, directos, políticamente incorrectos. Pero ya hay grietas en el sistema: Trump, Iglesias, Le Pen, Grillo, y un largo etcétera. El tono es compatible con la defensa de un principio, no implica el rebajamiento de una propuesta.

La verdadera seducción en política, en la cultura, en el mundo de las ideas en definitiva, deberá poner el acento en un contenido bien elaborado, argumentado, con razones de peso. Además, si se puede -normalmente sí- aderezado con una bella presentación. Pero no lo olvidemos: el contenido es, y será siempre, el rey.