4 de diciembre de 2016

Lo que prefieras

Posiblemente, es la frase más hermosa del mundo. "Lo que prefieras", así, tal cual, es toda una declaración revolucionaria en los tiempos que vivimos, donde uno puede elegir absolutamente todo lo que desea, y el mercado nos los sirve en bandeja de plata: una oferta ilimitada y la atención cada vez más exquisita al cliente nos han convertido en unos perfectos señoritos.

Y en medio de todo, "lo que prefieras". Tres palabras que existen, reales, y que a veces se escuchan. Hace poco lo comprobé con un amigo en una salida de fin de semana. Cualquier elección -comprar este pan o aquel otro, elegir un itinerario entre varias opciones, parar aquí o allá- era para él una invitación a que hiciera lo que yo quisiera.

La vida, la verdadera vida, es lo que ocurre por dentro. Las verdaderas alegrías no llegan desde el Caribe, de un buen partido de fútbol o de una inigualable cena en El Bulli. Lo que llena, lo que realmente merece la pena vivir, son esas pequeñas atenciones que damos y recibimos. Eso es lo que comprobé ese fin de semana: lo de menos era el lugar, el viaje, el entretenimiento. Lo mejor, una compañía que hacía todo lo posible para olvidarse de sí misma.

"Lo que prefieras". Una frase para enmarcar. O mejor, para vivir.